martes, 27 de noviembre de 2012

Por tu discurso te conocerán. Homenaje a un Guardia neoliberal.

A Jorge Guardia le reconozco varias cosas. Ante todo, su honestidad y coherencia ideológica, cosa que hoy es mal vista pero siempre reclamada. Es por eso que yo siempre lo he ubicado como uno (cuidado y no el) intelectual orgánico más importante del neoliberalismo puro y duro de Costa Rica.

Su guía ideológica le hace escribir siempre buscando como generar una adhesión hacia su visión de mundo, que refleja también los de un sector de la oligarquía nacional. Y este bloque oligárquico al que responde Guardia posee ramificaciones en el sistema político y académico.

A partir de la no reelección del Magistrado de la Sala Constitucional, Fernando Cruz, se han levantado voces desde esa parte del arco de las derechas nacionales, tratando de minimizar el asunto y de presentar la reacción en contra como simples arrebatos de quienes, parece que de manera genética, portan ADN revoltoso y poco sumiso, o sea, que no se someten mansamente y por ello sumen al país en una ingobernabilidad.

No es tema que quiera desarrollar hoy la ingobernabilidad, lo que otras personas han hecho muy bien. Más bien hoy quisiera presentar dos ejemplos del discurso de Guardia que, a mi modo de ver, reflejan la ideología profunda del neoliberalismo. Para ello voy a transcribir los párrafos y posteriormente los trataré de analizar. Por cierto, quien quiera cotejar la fidelidad de la transcripción, puede hacerlo leyendo la columna de Guardia en la página 33A de La Nación del día de hoy (27 de noviembre del 2012).

El primer párrafo que vale rescatar para nuestro esfuerzo de hoy es este:

 "Uno más [se refiere a lo que se él considera son pecados atribuidos a la Asamblea Legislativa, pero que no lo son] es argumentar que, para elegir o no reelegir, se debe 'motivar' (sic) el acto. Los actos políticos legislativos no se motivan por no ser actos administrativos del Poder Ejecutivo, sujetos a revisión judicial por vicios del fin, motivo o contenido. La Asamblea Legislativa es soberana. Puede elegir sin motivar el acto y no reelegir por las mismas razones (o sinrazones)."

Esta visión del ejercicio del poder es bastante curioso para un país democrático. Lo que plantea es que respecto a las actuaciones de los poderes hay tres dimensiones que deberían ser ejercidas sin cortapisas. Para el Ejecutivo queda la motivación, la exposición de razones instrumentales. Para el Judicial queda la sanción, basado en una razón de orden legal y para el Legislativo, ¿que queda?, el uso de ninguna razón; no hay que presentar ninguna exposición de motivos. Cuando habla de que la Asamblea es soberana, parece más bien referirse a que es una soberana despótica.

En una sociedad en la que hemos pasado de un panoptismo a un sinoptismo, donde la vigilancia de la ciudadanía se ha vuelto mayor, fruto en parte de la difusión de las tecnologías de la información, es hasta anacrónico el planteamiento. Sin embargo, parece que la historia va por otro lado. ¿No será más bien una visión instrumental de lo que significan las leyes en un contexto de profundización de los cambios estructurales que, de una u otra manera, son un corsé a las aspiraciones de mejorar su capacidad de acumulación? A pesar de los cambios, a pesar de que sueñan con un Estado emasculado, todavía la legitimidad a partir de las leyes es necesaria.

Es por ello que la fórmula va más bien por esta línea: un Ejecutivo fuerte, autoritario y con alta centralidad en la toma de decisiones, un Legislativo que sea el "brazo legitimador" de ese Ejecutivo, por supuesto sin necesidad de dar razones ni ningún tipo y un Judicial que sea el brazo represor de quienes no acaten el mandato emanado. Vuelve a surgir Gramsci: "hegemonía blindada de coerción".

El otro párrafo es todavía más consistente con su visión ideológica:

"¿Qué tratan, en el fondo, de reinvindicar? Algo sencillo y pedestre a la vez: inamovilidad laboral. (...) Se sindicalizó el Poder Judicial."

El párrafo es algo más largo, pero estas oraciones son altamente significativas. Hay que empezar con la alusión de la inamovilidad laboral. Esta es una de las piedras en el zapato que tienen los neoliberales y que, entre otras, se convierte en una de las dianas favoritas para dispararle al Estado de Bienestar. No es la inamovilidad laboral, así sin más, lo que les molesta. En realidad lo que les molesta es que la clase trabajadora haya logrado una serie de conquistas en cuanto a derechos, como mecanismo de defensa ante el capital en la relación de explotación que es intrínseca a este modo de producción.

Es lo que eufemísticamente llaman las "distorsiones del mercado". Distorsiones que deben entenderse como que todo aquello que entorpezca las ansias de acumulación y menoscabe la magnitud de la misma, es algo condenable. Leído en conjunto con la no necesidad de "motivar" la no reelección de Cruz, podríamos hacer una generalización de otro tipo: En una empresa el capitalista no debe explicar ni justificar los motivos para el despido de sus trabajadores, tan solo basta que ejerza su "soberanía". Y dado que el interés principal es la acumulación, el despedir trabajadores debe ser libre para mantener la cuota de acumulación... o aumentarla.

Y en esa misma línea de ver los derechos laborales como un estorbo (que en el fondo lo son para ellos), cualquier forma de organización obrera, reinvindicativa de sus derechos, es por supuesto vista con pésimos ojos. Si para el neoliberal Guardia es inaceptable que los individuos posean derechos, lo es más que posean el derecho a organizarse para ejercer la defensa de sus derechos. Y no es problema de presiones o juzgados, cada cosa en su momento y en su lugar. Dado que el capitalismo basa sus relaciones sociales en el principio de la explotación, es evidente que habrá conflicto (unos por querer explotar más, otros por no permitir eso), habrá una lucha en ese campo. Y cuando los mecanismos legales no sean funcionales para los intereses de clase, se recurre a la presión. Y eso, don Jorge, lo hacen Ustedes también, sobre todo cuando se trata de sus intereses. ¿O no es una presión lo que han ejercido desde las páginas de La Nación Usted y sus colegas intelectuales orgánicos del neoliberalismo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cualquier persona puede opinar. Sin embargo, como en algunos casos no aparece el nombre del usuario, se solicita que estos sean firmados para que cada quien acepte la responsabilidad de sus palabras.