jueves, 29 de noviembre de 2012

Predicando en el desierto. La soledad de Villalta en la la Asamblea Legislativa

José María Villalta Flórez-Estrada es el único diputado en la Asamblea Legislativa costarricense que se identifica y opera como un representante de las izquierdas más consecuentes. No significa que no haya otros que se identifiquen como tales, pero su correlato partidario, en el mejor de los casos, evade el querer significarse ideológicamente y en los peores, este correlato es más de derechas.

Heredero de una curul obtenida en la legislatura 2006-2010 por José Merino del Río, en él se posaron los ojos tanto de tirios como de troyanos. Las expectativas de que fracasara ruidosamente se fueron difuminando y la esperanza de que fuera una gestión menos dialéctica y confrontativa no sólo sufrió un desengaño, sino que incluso se siente una mayor madurez de parte de la fracción del Frente Amplio, el partido por el que ambos obtuvieron la curul.

Y no es casual que su desempeño así haya sido. Villalta se formó políticamente bajo el alero de Merino del Río. En la primera legislatura en la que fue diputado, José María Villalta se desempeñó como asesor. Había participado como dirigente estudiantil en las jornadas de rechazo popular en las calles contra el intento de privatización del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), bautizadas por ese mismo pueblo que se opuso como el "Combo del ICE". De las calles pasó al despacho legislativo e inició su carrera como asesor.

En el período 2002-2006 se mantuvo en la Asamblea Legislativa, aunque ya no como asesor de una fracción de un partido de izquierdas, sino como de un diputado de un partido emergente, más preocupado por no ser signado ideológicamente, lo cual de hecho es la peor de las ideologías. ¿Acto de traición? En absoluto, su función fue meramente técnica y, cuando tuvo oportunidad, trató siempre de influir desde su posición política. Se trataba, seamos sinceros, de poder sobrevivir.

Ya fundado Frente Amplio, cuando concluyó lo que Merino del Río llamaba "la travesía en el desierto", no dudó en volver a apoyarle. Como su asesor principal, con un músculo parlamentario fuerte y con una radicalización de su ideario politico hacia la izquierda con horizonte de cambio, se involucró directamente en la lucha contra la aprobación del TLC entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica. En ese época se consolida como una figura de recambio. Su candidatura y posterior elección simplemente vino a confirmar lo que se decía desde hace bastantes años, el Combo del ICE fue la incubadora de una nueva generación en el bloque político de la izquierda costarricense, el recambio que llenaba el vacío creado a partir de la debacle del socialismo real, cuya onda expansiva alcanzó a todos los partidos del arco de la izquierda en Costa Rica.

Pero Villalta está bastante solo en el parlamento. Ha presentado un conjunto de iniciativas legales orientadas, no sé si concientemente pero ese ha sido el efecto, ha confrontarse con los principios fundamentales de la ideología neoliberal que ha permeado la lógica de acción del bloque de poder hegemónico. Dicho en castizo, de presentar al TLC como el catecismo político de este país. Así vemos como en los últimos meses tres de sus iniciativas han sido rechazadas por parte del Poder Ejecutivo.

La primera consistió en una ley que pretende despenalizar a quienes ofrezcan y hagan uso del fotocopiado para reproducir materiales impresos con fines de estudio. Prontamente se vetó la ley y hasta ahora no ha sido sometida al congreso para su eventual resello o bien archivarla. Vale señalar, por si alguien nos lee fuera de Costa Rica que la mecánica de aprobación es la siguiente: la Asamblea Legislativa aprueba la ley, se envía a la Presidencia la cual firma o veta (razonando el veto). Si ocurre el veto, vuelve a la Asamblea Legislativa que tiene la potestad de resellarla, o sea, rechazar el veto y con ello queda obligada la Presidencia a publicarla y entra en vigor. Si se rechaza el resello, la ley se archiva y no entra en vigor. Y por cierto, esta ley se aprobó con una amplísima mayoría. Por cierto, uno de los argumentos fue que estaba en contradicción con el TLC y las leyes conexas de protección de la propiedad intelectual.

La segunda ley, también aprobada por amplia mayoría, fue una reforma a la Ley Procesal Laboral, que incluía una serie de avances en los derechos de los trabajadores (oralidad de los procesos, modernización de la aplicación del derecho de huelga, mayor protección al derecho de sindicalización, etc.). Esta iniciativa no sólo fue aprobada con amplio margen positivo, sino que era aceptada por la patronal costarricense e incluso con el visto bueno del Poder Judicial. Igual se vetó la ley  e igual espera a ser resellada o archivada.

Ahora la Presidencia, actuando de manera preventiva, anuncia que no se aprobar una iniciativa que busca regular el margen de ganancia de las medicinas por parte de quienes comercian con ellas. Y aunque no ha salido el TLC a relucir, lo que realmente parece estarse cuestionando es que no se debe tocar uno de los dogmas básicos del capitalismo, el mito de que el mercado genera un control de los precios por la acción de la ley de la oferta y la demanda, mito llevado al rango de ley natural, casi como la de la gravedad.

Hasta aquí, ¿donde está la soledad? En que todas estas iniciativas o no han sido suficientemente comunicadas, o no han sido suficientemente comprendidas o simplemente hay una incapacidad del movimiento social en movilizarse para presionar desde la calle a que no se rechace. Es ahí donde parece que no se ha entendido un elemento fundamental. La ley, por sí misma, en un contexto capitalista jamás permitirá llegar a un punto en que, por efecto acumulativo, lleve a una eclosión del socialismo. Esa falacia quedará para los socialdemócratas.

Pero con esas iniciativas, sobre todo en un marco en que la correlación de fuerzas aún no es decisiva para el sector popular y revolucionario, se puede avanzar hacia esa reconversión de la correlación de fuerzas. Primero confrontando al bloque hegemónico en el sentido de que poco a poco vaya quedando patente las contradicciones fundamentales de clase; segundo logrando que a través de la acción política y pedagógica de parte de los partidos y las organizaciones del movimiento social, en torno a buscar apoyos en la sociedad para estas inciativas, se logre ir construyendo una contrahegemonía, un fortalecimiento de la organización (vista esta como algo no sólo necesario sino deseable) y un disciplinamiento de esa organización. Pero en esto Villalta está solo de momento. La pregunta es, ¿comprenderán esto realmente quienes deberían moverse en torno a su labor o no?

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