miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿A qué le teme Laura Chinchilla? A propósito de un desplante autoritario.


En las redes sociales ha circulado un vídeo que permite ver, debo decir que no sin cierta dosis de pasmo, como hoy la presidenta Laura Chinchilla dejó, literalmente, hablando sólo a un ciudadano que se le acercó a plantear una queja referente a la no acción (que es una forma de acción) para dar una solución de vivienda.

La actitud de Chinchilla ya es de por sí censurable, máxime que en el mismo vídeo ella declara que no dialogará mientras amenacen con bloqueos. Pero cuando llega el momento, simplemente se da la vuelta y se va. ¿Entonces? Parece cumplirse esa frase atribuida a Ricardo Jiménez en que decía algo así como “si no la ensarta pierde y si la ensarta no gana”. ¿Qué entiende por diálogo?

Esta situación preocupa, al menos a quien esto escribe, porque refuerza una forma de actuar que raya, peligrosamente, en la manifestación de lo que Theodor Adorno y su equipo de trabajo llamó la personalidad autoritaria. Una especie de tipo ideal construido empíricamente y que dio nombre a un libro que, quienes hayan llevado alguna materia relacionada con investigación en la carrera de Sociología, deben haber leído (al menos su introducción y metodología) ya que es un ejemplo de como se construye un objeto de estudio.

Del texto de Adorno rescato un pasaje de sus conclusiones:

“El convencionalismo, la rigidez, la negación represiva y la consiguiente irrupción de la propia debilidad, el miedo y la dependencia no son sino diferentes aspectos de un mismo patrón básico de personalidad, y pueden ser observados tanto en la vida personal como en las actitudes hacia la religión y los temas sociales.”

¿No se puede ver aquí algunas improntas de la personalidad autoritaria de Chinchilla? Yo al menos sí. Convencionalismo, rigidez y miedo. Todo ello se ve en este minuto y medio de grabación. Y piense Usted, ¿se manifiesta o no en sus actitudes religiosas y sobre temas sociales? Tal vez a ella se le olvidó un detalle, la actividad se desarrolló en Alajuelita, el cantón con peor índice de desarrollo humano del país. Lease, el cantón donde cualquiera de los indicadores usuales para medir la brecha social es más profunda (pobreza, desigualdad o exclusión; escoja Usted).

Y hay otras manifestaciones de ese autoritarismo latente. Una cierta tendencia a la demostración de la fuerza militar, rayando a veces en la veneración a la milicia. Esta tendencia se ve cada día en la calle, empezando por el despliegue que hace nuestra Fuerza Pública de manera cotidiana, no sólo de armas pesadas de diseño bélico, sino también en los retenes en las calles. Es una manera de naturalizar lo militar, de hacer normal el mensaje de que el poder sobre la vida y el movimiento de la ciudadanía la tiene el Estado. De ahí a llegar en algún momento a que se aplique la nefasta máxima fascista de que “el Estado lo es todo y nada puede existir fuera de él”, tan sólo hay un paso. ¿No estará por ahí la explicación del tristemente famoso episodio del policía nazi?

Tan a esto ha llegado ese culto silencioso a lo castrense que se ha llegado al extremo de ver como normal y hasta simpático vestir niños con réplicas de uniformes policíacos, tal como ocurrió en Puntarenas durante una visita presidencial. Estos niños (por cierto ninguna niña) fueron presentados como un halago a la Presidenta. No pude dejar de pensar en escenas que he visto en el canal de National Geographic, en un documental sobre la ideología de las SS, en que se ve a niños vestidos con los infames uniformes de las tropas de asalto hitlerianas. Desde niños se les va inculcando un división de la sociedad en buenos (los que estamos con la Policía) y malos (los que están en contra de la Policía). La Policía, por cierto, termina siendo el Estado y estar contra la Policía termina siendo estar contra el Estado. Vuelvo a reiterar la máxima fascista: “el Estado lo es todo y nada puede existir fuera de él”.

Es por ello que tampoco asombra que se haga despliegue de estética militar en actividades de corte popular. En los topes ahora desfila, regularmente, la Policía Montada y en no pocos actos una escolta militar. Personalmente la ví la semana pasada durante una actividad en la Avenida Central, en que también les acompañaba una versión de San Nicolás, pero con un atuendo no rojo (¡supongo que es demasiado de izquierdas!) sino azul. Como se oyó por ahí: “Colacho se hizo tombo”.

No estamos a destiempo para modificar esta tendencia a la militarización de la sociedad. Por supuesto que es necesario afrontar y reprimir la criminalidad violenta, pero no es mediante el cultivo al odio y la exclusión que se logrará. Debe asumirse la cuestión con una mezcla inteligente de acciones en el plano social, económico, político y policial. De lo contrario, algún día nos levantaremos y la Costa Rica idílica se habrá desvanecido por completo.

2 comentarios:

  1. Este blog suyo es tan bueno que me encanta venir y saber que pienso como usted en lo social. Grs.

    Hola, puse entrada nueva, sobre "CREO EN LAS PERSONAS"
    y creo que usted, distinguida persona bloguera, tal vez quiera visitar a leerme:
    http://labutacadecarmen.blogspot.com/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el comentario. Ya visité su blog y lo incluí en los enlaces de sitios amigos.

      Eliminar

Cualquier persona puede opinar. Sin embargo, como en algunos casos no aparece el nombre del usuario, se solicita que estos sean firmados para que cada quien acepte la responsabilidad de sus palabras.