martes, 18 de diciembre de 2012

Albert Nobbs, una película que vale la pena.

En estos días de diciembre, cuando según sentenciaba el veterano dirigente sindical Alvaro Rojas la enajenación adquiere dimensiones pandémicas, hay que buscar que hacer. Con el colegio cerrado por vacaciones y San José tomado por las hordas de quienes sienten la obligación de comprar, lo que sea pero comprar frenéticamente, no hay muchas opciones.

Preso de la paradoja que significa el tener televisión por cable, donde hay decenas de canales y nada para ver, una buena opción es el ir a un vídeo club y alquilar una película, sentarse con una cerveza y abrir un paréntesis en el corre corre diario. Y eso fue lo que hice el fin de semana. Como no ando tras de títulos masivos, encontré uno que me llamó la atención y cuyos prólogos ya había visto en algún momento. Se trataba de una película protagonizada por Glenn Close y que se titula Albert Nobbs. Por cierto, en estos días la proyectan en el cine Magaly.

La trama es profunda y se presta mucho a la reflexión. El contexto histórico es Dublín en el siglo XIX y con el telón de fondo de la era victoriana. El personaje que protagoniza Close es el de una mujer, hija fuera del matrimonio, abandonada en su infancia y víctima de violación a los 14 años. Una suma de todos los elementos en los que se ensañaba la discriminación en esa época. Para lograr sobrevivir, se hace pasar por un hombre y se desempeña como salonero en un hotel regentado por una mujer que ostenta un título de nobleza. 

En algún momento coincide con otra mujer que usa la misma estrategia de supervivencia, en este caso, una mujer que ha sido víctima de agresión doméstica por parte de un hombre alcohólico y pintor de casas. Ella lo abandona y se apropia del oficio, pero debe hacerse pasar por hombre para lograr trabajar. El encuentro le abre a Nobbs (repito, su nombre nunca se menciona del todo) un horizonte que no existía en su plan de vida. Esta otra mujer le confiesa que ha logrado llevar el engaño a la sociedad hasta el punto en que logró contraer matrimonio y vive con su pareja.

Nobbs trata de llevar a cabo una acción similar, buscando una felicidad que le ha sido esquiva. Sin embargo, a diferencia de su alter ego en la película, nunca llega a comprender las implicaciones mismas del acto de establecer una relación de pareja con alguien del mismo sexo. No entiende eso y le lleva a cortejar a una compañera de trabajo que, a su vez, mantiene una relación afectivo - posesiva con un joven analfabeta y agresor. Queda embarazada y Nobbs asume un papel de protección. En una trifulca, hacia el final de la película, sufre un golpe en la cabeza y muere, en soledad, en su habitación. Al encontrarle al día siguiente, un médico descubre que en realidad se trata de una mujer y pronuncia una frase que tiene un profundo contenido reflexivo "Nobbs, Nobbs; ¿qué te empujó a vivir tan miserablemente?"

Me impactó realmente. Es el ver como el patriarcado, que ahora tanto criticamos (y con justa razón) ha estado presente siempre en nuestra sociedad. ¿Porqué estas dos mujeres llegan a disfrazarse de hombres? No es por una disolución moral, como muchas veces y a la ligera opinan sectores conservadores. Se trataba del despreciar a la mujer como una persona capaz de realizar cualquier tarea y a la vez, con la capacidad de ser autónoma y dueña de su existencia. Aún hoy se le aplican estas valoraciones a la mujer, aunque fruto de la lucha del feminismo, hay que reconocerlo, mucho se ha avanzado. Pero aún, por ejemplo, tenemos a las mujeres ganando mucho menos que los hombres en igualdad de condiciones.

El que nunca se mencionara el nombre del personaje de Glenn Close es muy simbólico. La mujer muchas veces no tiene rostro, no tiene nombre. Tiene un cuerpo que sirve sólo para parir (reproducir la fuerza de trabajo), para servir (es el objeto del mercado del sexo) o para servir de receptáculo de las iras machistas de los hombres (el maldito femicidio). El otro personaje, en cambio, sí tiene un nombre y tiene una vida. Tiene la capacidad de entender lo que realmente pasa y actúa en consecuencia. Cobra conciencia de que una cosa es tener que vestirse de hombre para lograr sobrevivir y otra es que nunca ha dejado de ser mujer e individuo. Una escena en la playa (no la voy a contar para picarles a ver la película) es la más simbólica y profunda de toda la cinta.

La película destila una crítica feroz al capitalismo decimonónico, pero también debería servir para reflexionar sobre la esencia de este sistema económico, basado en la discriminación y la explotación. Es por ello que viendo Albert Nobbs a uno se le antoja que bien vale la pena sentarse dos horas frente al televisor y, eso sí, no abusar de la cerveza para no quedarse dormido.

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