miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nota luctuosa: Se murió el "todos igualiticos"


¿Hay un talante republicano? ¿Existe un ethos republicano? Esas son las preguntas que me hago, desde hace varios días, al observar situaciones en que se increpa a la presidenta Chinchilla en actos oficiales.

Hace pocos días, en Alajuelita, la ciudadana presidenta dejó hablando solo a un ciudadano que se acercó a reclamar por la inacción del gobierno en resolver sobre un proyecto de vivienda en ese mismo cantón. Ayer, otra ciudadana se sale del guión establecido y reprocha a Chinchilla por no haber cumplido, según su parecer, por no haber reajustado el salario de los(as) policías. En ambos casos, desde el gobierno se levantó un argumento del porqué esas acciones no eran “adecuadas”. Según el vocero oficial, con rango ministerial, no se respeta la investidura de la Presidencia.



En el último caso, incluso, se lleva a un “experto” en seguridad, cuya experticia parece derivar de ser miembro de los cuerpos policiales de este país, para que analizara si la seguridad de la presidenta es la adecuada. Me llamó mucho la atención cuando este cuasi soldado expresó que en realidad sí hubo un fallo porque, según no sé que doctrina de seguridad, se debe proteger la integridad física y también la “agresión verbal” (sic). Si lo leemos en detalle, no se vale reclamar a un(a) funcionario(a) y sería válido callarle, sacarle o expulsarle del sitio, dado que esa es la misión de la escolta. ¿Se pierde un talante republicano?

Entiendo por talante republicano aquella forma de ser en la que un(a) ciudadano(a) recibe una responsabilidad para ejercer, de manera limitada en el tiempo, un puesto. Esto al menos en la teoría y en un deber ser ideal. Asimismo, dado que sigue siendo parte de la ciudadanía, cualquier otro(a) ciudadano(a) puede dirigirse a esta persona de igual a igual, manteniendo únicamente las formas normales, tal y como debe ser en una sociedad regida, precisamente, por uno de los pilares fundacionales de la modernidad: Igualdad.

Por otro lado, es posible entender que quien detenta un cargo público, como lo es la presidencia o una diputación, tiene limitaciones en cuanto al tiempo. Asimismo, es comprensible que dicho cargo conlleva una cierta dosis de dignidad. Pero es una dignidad que deriva, o al menos así debería ser, de haber recibido una responsabilidad por parte de sus iguales. Seguimos, por supuesto, en el plano del deber ser general.

¿Qué pasa entonces con la presidencia y los(as) diputados(as)? Varias cosas. Una de ellas, por cierto, es que parece haber un alejamiento absoluto entre ese estamento político y la sociedad en su conjunto. Y en Costa Rica, además, creo que juega un elemento que mezcla elementos de orden histórico y de orden mítico. Muchas personas han escrito y se han esforzado por crear una especie de ethos ideal de la sociedad costarricense, lo que Jorge Rovira llamaba en sus clases, el ethos igualitario. Y de tanto repetirlo, se dieron prácticas de relación que de una u otra manera lo reforzaron. Es aquí donde se mezcla lo real y lo mítico, reforzándose mutuamente.

Tanto es así que muchas veces oí relatos de como los presidentes caminaban tranquilamente por la calle y conocían a las personas en los pueblos por sus nombres. Todavía hoy se reimprimen, en una publicación llamada Ojo, una columna que se titula Anecdotario Nacional, y en no pocas ocasiones se presentan escenas en ese talante. ¿Está mal? No me lo parece, así debería ser el ejercicio del poder político; abierto y de cara a la sociedad.

Pero eso se ha ido perdiendo poco a poco. ¿Razones? Sería arriesgado y rayando en el profetismo tratar de dar conclusiones duras y cerradas. Más bien, por favor, vean estas líneas que siguen como presunciones, que sometidas al escrutinio colectivo, pueden ser asumidas o refutadas.

En primer término, creo que hay una obsesión por la “seguridad” de quienes ostentan el rango de presidente(a) o ministros(as), derivada de que se ha percibido que las prácticas de ejercicio del poder han provocado una fractura en las políticas de contención social que antaño eran cartilla de identidad de la sociedad costarricense. Por cierto, son estas políticas de contención (un sinónimo podría ser Estado Social de Derecho, aunque prefiero la que uso por reflejar, en mi entender, la verdadera intención de las mismas), las que usan para explicar ese ethos igualitario que mencionaba arriba. De ahí que se vea un “cabreo” ciudadano propenso a transformarse en trompadas, sean estas literales o verbales.

En segundo término, se ha configurando una especie de cultura del poder en Costa Rica que parece estar más cerca de un aristocratismo tropical que de mantener el talante republicano. Y es que ambos son mutuamente excluyentes en mi concepto. Nuestro país ha carecido, por mucho tiempo, de protocolos elaborados o con fuerte arraigo histórico. En parte, me parece, por el hecho de que se eliminó el ejército, fuente inagotable de estos ritos protocolares, amén de que cuando existieron las fuerzas armadas, estaban bastante desprestigiadas, sobre todo desde el golpe de Estado de Federico Tinoco y la posterior derrota de la dictadura. Este gobierno ha sido el máximo exponente de esta tendencia de implantar una estética militar.

En tercer término, la brecha social se ha hecho de una u otra manera, estructural. No hay capacidad de cerrarla y, como gran triunfo, se esgrime que está contenida. Contenida en cuanto al porcentaje, pero no en cuanto a la cantidad de personas que engrosan el ejército de la pobreza. Y mientras los deciles más bajos ven mermados sus ingresos, los deciles más altos los aumentan. Un aumento que a su vez se traduce en un consumismo con dos características peculiares. Por un lado es hedonista, para obtener una forma de satisfacción, y por otro lado se ha vuelto exhibiocinista.

Me decía la doctora Ciska Raventós, a propósito de una conversación sobre esto, que la sociedad costarricense ha sido consumista de siempre. Y puede ser cierto cuando uno rebobina el casete de la memoria y evoca, por ejemplo, las famosas excursiones en diciembre: frontera con Panamá, la isla de San Andrés ó Miami. Dime a donde vas y te diré tu capacidad de ingreso. Ahora la cosa ha ido cambiando, y esa necesidad de consumo, como una cierta manera de identificación social, ha sido eliminada para una buena parte de la población y otra la exhibe impúdicamente. Y muchos(as) de los ministros(as) y sus familiares, incluyendo aquí a la presidenta, también participan de ello.

En suma, se rompió el talante y el ethos que se había construido y practicado (más lo primero que lo segundo) tradicionalmente. Pero aún subsiste en el imaginario nacional. La pregunta es, ¿será necesario retomar estos elementos para reconstruir la confianza en la Política de nuevo? ¿Estará dispuesta la sociedad a reconstruir esta forma de relaciones?

4 comentarios:

  1. SI SE ROMPEN EL TALANTE Y EL ETHOS NO ES SIN CAUSA...

    Saludos y felicitaciones:

    Navidad: el sentimiento en realidad está adentro de nosotros y que adornar es una opción, un deseo, y se haga o no, no es lo que realmente importa.

    Lo invito a leer mi blog en estos días navideños, con mucho cariño:

    http://elsentirdeana.blogspot.com/

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  2. "Un hombre del pueblo de Neguá; en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

    El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

    Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

    (Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos”)

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  3. Se murió
    después de la vela venite amigo a mi blog que te va a gustar lo que puse.

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  4. Coincidimos. Es nuestra lucha, además, coincidir.

    En Costa Rica no hay mucha tradición bloguera, sí en otros países, por eso muchos abandonan los blogs que abren, pero yo sigo terco...
    Lo invito a que pase pr mi blog y lea lo del apocalíptico 666. espero leerlo ahí también. Gracias.

    Ni un paso atrás, viejo topo.

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