miércoles, 12 de diciembre de 2012

Resacas de una sesión parlamentaria.

Ayer sintonicé el canal de televisión por cable que transmite las sesiones de la Asamblea Legislativa. Dado que se encuentra en el período de sesiones extraordinarias, la agenda está definida por los intereses del Poder Ejecutivo. Como según las estadísticas de Blogger este espacio tiene lectores que lo acceden desde fuera de Costa Rica, vale señalar que en nuestro ordenamiento constitucional, la Asamblea Legislativa posee dos momentos de sus sesiones. El ordinario en que la agenda la construye el órgano legislativo y el extraordinario, en que la iniciativa parte de la Presidencia.

Hacia el final de la sesión, se entró a conocer los dictámenes de mayoría (negativo) y de minoría (positivo) respecto al proyecto de ley para regularizar las llamadas Sociedades de Convivencia entre Personas del Mismo Sexo. Este proyecto lo que pretende es normar los aspectos relativos a los deberes y derechos de personas del mismo sexo que, de manera libre y voluntaria, hayan decidido mantener una relación de pareja. En honor a la verdad, sería una solución intermedia entre el desconocimiento absoluto de este hecho social y la reconceptualización de la categoría de matrimonio.

Durante las intervenciones de quienes se oponen al dictamen de mayoría quedó claro un elemento que ha cruzado transversalmente todo el proceso y, desgraciadamente, no se ha logrado obviar. Ante un despliegue de racionalidad por parte de quienes apoyan el proyecto, se opone una decisión de orden simple y llanamente ideológica. Una ideología profunda, con anclaje en preceptos de orden religioso, y que son incapaces de contra argumentar en planos de equivalencia.

No pude menos que recordar la discusión que se había generado en torno, por ejemplo, la presentación del proyecto de Igualdad Real de la Mujer o el de equiparación de derechos en los matrimonios de hecho. En esos momentos, mucha de la argumentación se basó en las mismas premisas, aunque debo reconocer que, al menos, se trató de maquillar con elementos retóricos que se acercaban más a elementos racionales. Sin embargo, en todas ellas veo un elemento que los cruza a todos: un temor de parte de sectores con poder de perder el control de la sociedad al permitir y reconocer la posibilidad de establecer nuevas formas de relación y afectividad.

Un despliegue del tema, enfocado eso sí hacia la homosexualidad, se puede encontrar en una entrevista a Foucault del 25 de junio de 1984. Rescato el siguiente párrafo:

"Pienso que es eso lo que vuelve "perturbadora" a la homosexualidad: el modo de vida homosexual más que el acto sexual mismo. Imaginar un acto sexual que no se ajusta a las leyes de la naturaleza, no es eso lo que inquieta a las personas. Pero que los individuos comiencen a amarse, ése sí es un problema. Se toma la institución a contrapelo; con intensidades afectivas que la atraviesan, y a un mismo tiempo la cohesionan y perturban: véase el ejército, donde incesantemente se convoca el amor entre hombres y a la vez se le condena. Los códigos institucionales no pueden validar esas relaciones de intensidades múltiples, de colores variables, movimientos imperceptibles, formas cambiantes. Esas relaciones que hacen cortocircuito e introducen el amor ahí donde debiera estar la ley, la regla o la costumbre."
Eso es lo que le aterra, en última instancia al poder conservador. El temor a que esta sociedad reconozca la posibilidad de que un nuevo actor social comience a manifestar nuevas maneras, fuera de lo normado y usado como elemento de relaciones de poder, de relación entre personas y formas diferentes de sensibilización. Como bien señala Boaventura de Souza, el sociólogo portugués, uno de los mayores aportes que hizo el femenismo fue permitirnos lograr abordajes de la realidad desde otras perspectivas. Ojalá y haya un momento de epifanía entre los diputados y las diputadas, pero mucho me temo que podrá más el peso del mito, el terror a la pérdida de control. Y sí eso sucede, las formas de resistencia por parte de el colectivo BLGT deberá tomar nuevas formas, con nuevos relacionamientos que permitan concitar apoyos y compromisos mutuos, que rompan el actual cerco y, hasta cierto punto, pudor a asumir posiciones políticas más evidentes y comprometidas.



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