lunes, 7 de enero de 2013

Independencia energética como proyecto político. Realidades deseables II


¿Qué relación existe entre la tecnología y los cambios sociales? Es una pregunta que ha gravitado desde hace muchos años. ¿Son los saltos tecnológicos los que provocan las modificaciones en el orden social ó es al revés? Al menos yo no me caso ni con una ni con otra posición, más bien se trata de relaciones dialécticas, de acumulación lenta de conocimientos y que, en ciertos momentos, se expanden y son apropiadas, en nuestros tiempos, por el capital siempre que ello represente una ventaja para mejorar las condiciones de acumulación.

Dentro de estos saltos tecnológicos, indudablemente, el más importante es el cambio en las fuentes energéticas necesarias para permitir el funcionamiento de los nuevos instrumentos de trabajo que se van creando. Si hacemos una pequeña lista nos daremos cuenta de ello.

Energía y cambios culturales y sociales

En un inicio la sociedad contaba únicamente con a energía biológica de los sujetos. La aparición de la agricultura impulsó el uso de energías biológicas no humanas, los animales de tiro, que optimizaron las labores propias de una agricultura en expansión. Así, los arados eran tirados por bueyes, caballos o mulas; el transporte del producto excedente por medio de carretas tiradas a su vez por estos animales. Posteriormente, a partir de los excedentes y como parte de la misma evolución cultural, aparece el dominio del uso del fuego, fuente energética obtenida a partir de la combustión de materia vegetal, principalmente (leña y turba, por ejemplo). El uso del fuego marca un antes y un después. Sería largo y tedioso plantear aquí como las sociedades humanas aprovecharon el fuego, como fuente energética. Mencionemos algunos casos, sin ser una lista siquiera mínima: aprovechamiento de los metales, fabricación de ladrillos, alfarería en general, fabricación de productos alimenticios, mejoramiento en la nutrición, etc.

No se puede entender el triunfo del capitalismo
sin considerar el uso que hizo del vapor.
Cuando en los albores de la Revolución Industrial se logra la explotación de nuevas fuentes, como el carbón y posteriormente el petróleo, se dan las condiciones para el despegue de la revolución del vapor. La industrialización de ese capitalismo incipiente, que lleva a su total victoria sobre el viejo régimen, debe ser analizada, entre otros factores, a partir de la posibilidad de aumentar el rendimiento en la obtención de energía calórica a partir de los combustibles fósiles. Y este mejoramiento permitió una optimización de la metalurgia y obtener vapor como fuerza motriz de la maquinaria en general.

Y no podemos entender totalmente
la revolución informática sin tener
en cuenta esa urgencia por generar
electricidad.
Justo cuando el vapor alcanzaba su triunfo, ya se experimentaba con una nueva forma de energía que tenía mucho de mágico en un inicio, la electricidad. Una no ha desplazado a la otra, se han complementado. De hecho, los combustibles fósiles siguen siendo una forma de obtener energía eléctrica, siendo esta de alguna manera subproducto de los primeros. Lo que antes representaba el vapor hoy lo representa la electricidad. Y por la electricidad es que se puede entender esa cuarta revolución, la informática. Y a partir de la revolución informática, entender mucho de lo que hoy sucede, aunque no todo. En este punto (me adentro en territorio minado) me separo de Castells, aunque en mucho le doy razón.

Independencia energética como proyecto político.

Con lo que hemos expuesto hasta ahora, puedo plantear que veo como imprescindible, en un proyecto político progresista para Costa Rica, la necesidad imperiosa de colocar como uno de los temas centrales, una modificación profunda del modelo de obtención energética para los próximos años. Pero que no pase solamente por la introducción de nuevas tecnologías, sino considerando también el factor de la propiedad de esas nuevas tecnología, o sea, quien y como va a explotarlas y comercializarlas.

El uso de fuentes de energía alternativas en Costa Rica
es más una pose hacia la tribuna que una real política pública.
No se puede negar, porque sería obviar un hecho real, que desde los últimos gobiernos se han planteado, con mayor o menor entusiasmo y decisión, propuestas de política pública energética. El grado de urgencia lo ha marcado, de manera reactiva y no proactiva, factores de orden externo: crisis en los precios de los hidrocarburos o coyunturas relacionadas con la realización de eventos internacionales multilaterales sobre el cambio climático. Pero en todas ellas lo común ha sido: i) se prepondera la entrada de capital privado como solución (única en muchos casos), ii) se apela a mantener el modelo conocido, en un ejercicio de “conservadurismo científico-técnico” (nuevas refinerías, uso de gas natural en vez de gas licuado, etc.) y iii) el uso de nuevas fuentes es atacado por ineficiente o, en el mejor de los casos, constituyen más bien exotismos para justificar un discurso “verde”.

Hasta ahora, lo más progresista y renovador que he encontrado como una eventual nueva estrategia energética, es lo que se consigna en el ProgramaAmbiental del Frente Amplio, 2010-2014. Lo que me agrada de esta propuesta es que se salen de la lógica que les mencionaba arriba. Se plantearon iniciar una revolución absoluta de las formas de obtener energía (uso intensivo de nuevas fuentes), de aprovechar la capacidad instalada de investigación y desarrollo (universidades públicas) y trasladar el control de las fuentes de energía a la sociedad, sin mediaciones de ningún tipo (obtención comunitaria). Falta medir el eventual impacto económico, pero creo que sería previsible un aumento de la capacidad de empleo y de impulso a la educación técnica a partir de un aumento de estas nuevas formas de obtención de energía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cualquier persona puede opinar. Sin embargo, como en algunos casos no aparece el nombre del usuario, se solicita que estos sean firmados para que cada quien acepte la responsabilidad de sus palabras.