lunes, 14 de enero de 2013

Los intereses económicos detrás de la intervención francesa en Malí


Malí es un país africano, del que mucha gente tal vez no ha oído hablar en su vida. Hoy las noticias lo han colocado en titulares, dado que Francia ha enviad soldados y aviones al país para luchar contra lo que han dado en llamar una amenaza terrorista islamista en el país.

Las noticias se han centrado, como es usual, en tratar de inculcar en la opinión pública quienes son los “buenos” y quienes son los “malos”, reduciendo las causas de la guerra únicamente a las que uno de los actores, en este caso Francia, plantea como tales. Causas que además son únicas e incuestionables. Sin embargo, puede existir otras muy diferentes, que difícilmente serían aceptadas por la antigua metrópoli imperial de Malí. Causas que apuntan más hacia intereses económicos que de otra índole.

Control territorial de los tuareg y el
gobierno en Malí.
Actualmente, el territorio de Malí se encuentra dividido en dos regiones de control político y militar diferentes. Por un lado, en una porción bastante pequeña del sur, un gobierno de facto tiene un precario control de la situación. En el norte, los tuareg se han hecho fuertes y controlando una gran proporción del territorio, han iniciado una lucha contra el gobierno de Bamako (capital de Malí). Se ha acusado a estas fuerzas de tener una influencia de Al-Qaeda y de inspirarse en formas de organización política con una interpretación ortodoxa y dogmática del islamismo. Algo de cierto hay en lo segundo y probablemente también en lo primero. Sin embargo, estas razones no son suficientes para entender el rápido avance que han tenido.

Muchas de las armas suministradas a
los rebeldes libios por Francia y otros
países terminaron en manos de los traficantes
Lo que sí parece ser cierto es que muchas de las armas que se enviaron, por parte de países europeos como Francia, a los rebeldes libios, quedaron fuera de control. Y muchas han pasado las fronteras de Libia hacia países vecinos, como Malí. De esta manera, Francia está en una situación que recuerda, peligrosamente para la estabilidad de la región, la experiencia de Estados Unidos en Afganistán; los talibanes asentaron buena parte de su poder sobre el armamento que les suministró el Pentágono en la década de los ochenta, lo que llevó, de una u otra manera, a que se encuentran empantanados en una guerra en ese país asiático. Hoy Francia parece estar sufriendo una dosis de su propia medicina.

El fallonazo de los Estados Unidos.

En la región se ha venido desarrollando una guerra irregular y silenciosa, como parte de la llamada Guerra contra el Terrorismo, iniciada por parte de George W. Bush, inmediatamente después de los atentados contra las Torres Gemelas y continuada sin interrupciones por Barack Obama. Pero no es una batalla en la que se haya involucrado directamente con tropas de combate, más bien pretendía modernizar a los ejércitos locales para que operaran en consonancia con sus intereses globales. De esta manera, según un reportaje del New York Times, se han gastado entre 520 y 600 millones de dólares en el entrenamiento y equipamiento de ejércitos nacionales en una franja que va desde Marruecos hasta Nigeria. Pero los esfuerzos parecen haber sido inútiles, ya que no solamente han fracasado una y otra vez en sus esfuerzos militares, también han contribuido a la desestabilización de la región. Un oficial entrenado por las Fuerzas Especiales estadounidenses fue quien encabezó el golpe de estado en Malí que vino a meter más caos a ese país. Aunque este elemento, la verdad, ni siquiera debería asombrarnos a la luz de otras experiencias similares.

Francia asume entonces su papel de antigua potencia colonial imperialista y le saca las castañas del fuego a sus aliados de la OTAN. Decide intervenir simultáneamente en dos operaciones militares en Africa. La primera es en Malí directamente, donde envía 550 soldados de combate (probablemente de la Legión Extranjera, que han sido tradicionalmente los “desechables”), 1 avión de transporte C-160 y hasta 4 cazas de última generación Dassault “Rafale”, que ya están llevando acciones de bombardeo. La otra fue una frustrada misión de rescate de un rehén francés en Somalia, que culminó con la muerte del ciudadano galo y de, al menos, dos de los militares.

El interés económico en el terreno.

Hasta aquí la historia es similar a la que nos han contado en múltiples ocasiones, ajustándose a lo que parece ser un guión común para evitar decir lo que políticamente sería incorrecto, que todas estas intervenciones militares se ejecutan en países que tienen dos elementos generales en común: son países con una gran riqueza en recursos no renovables estratégicos y son países con una fuerte presencia islámica en su población.

En concreto, Malí posee una serie de recursos mineros importantes y estratégicos para Francia y los países de la OTAN. Posee yacimientos de oro importantes, hecho conocido desde siglos atrás y que permitió la emergencia de centro culturales tan emblemáticos para la Humanidad como lo fue Timbuctú; pero también posee grandes reservas de uranio y de petróleo... ¡precisamente en el norte del país! Las conclusiones son fáciles de sacar. En el mapa adjunto se puede observar la ubicación de dichos recursos.
Mapa de la ubicación de los principales recursos mineros y petroleros en Malí.
 
El interés industrial militar francés.

El otro gran interés que pareciera estar siendo aprovechado por el gobierno francés es el industrial militar. En concreto, parece ser que Francia está urgida por lograr vender en el extranjero el caza bombardero Rafale, fabricado por el consorcio Dassault.

Dassault Rafale, un proyecto que se
ha convertido en un agujero negro.
Este proyecto ha sido honerosísimo para Francia. Desarrollado como una aeronave de generación 4.5, con un importante costo finaciero para el Estado francés. Considerando que Dassault ha vendido más de 8000 aeronaves de combate en los últimos 60 años, de las cuales el 73% se destinaron al mercado internacional, se esperaba recuperar la inversión a partir de su exportación. Sin embargo, la cosa no funcionó tan bien. ¿Las razones? Una posible era que esta aeronave no había sido observada en operación de combate, lo que la ponía en desventaja frente a sus competidores estadounidenses (el F-16 “Falcon”, el F/A-18 “Hornet” y el “Thypoon”, todos ellos con experiencia en combate). Había que encontrar una solución.

Fue Libia el escaparate para esta demostración. En un macabro cóctel de mercadeo y guerra, Sarkozy envía cazas Rafale a bombardear ciudades libias. Se publicita ampliamente que el caza realiza sus primeras acciones operativas y con ella lo posiciona en el mercado sangriento de la venta de armamento. Los frutos no se hacen esperar y la India firma un precontrato con Francia para la compra de 136 aviones, con un costo total de 10 mil millones de dólares. Simultáneamente, Brasil se muestra interesado en la adquisición de 36 unidades, con la promesa de Sarkozy de que se fabricarían en el país sudamericano.

Hollande viaja a los EAU tratando de vender
el Rafale, coincicidiendo con su entrada en
combate en Malí ¿Casualidad?
Pero no todo es tan color de rosa. La India anuncia, en estos días, que aún hay detalles que revisar en el contrato y Brasil ha ido dando largas a la adquisición de las aeronaves. Curiosamente el actual presidente de Francia, Hollande, ha salido para los Emiratos Arabes Unidos con la intención de convencerles para que adquieran aviones Rafale. Esta adquisición, a su vez, podría influir en los países vecinos de Kuwait y Catar para firmar contratos con la Dassault. Por cierto, Dassault posee el 26% de las acciones de la compañía de componentes electrónicos militares Thales, de la cual el otro socio mayoritario es... el gobierno francés.

¿Estará metido París en un berenjenal?

Todo parece indicar que el involucramiento de Francia en Malí solamente traerá consecuencias desastrosas. Por un lado, la amenaza del terrorismo la han vuelto una realidad concreta, solamente así se explican dos acontecimientos: por un lado el blindaje de la seguridad interna y por otro el fallido intento de rescate del rehén. Este último acontecimiento, como un esfuerzo de mandar un mensaje amedrentador a las fuerzas irregulares de los países africanos y por otro, reforzar la “confianza” de la ciudadanía propia. Pero el fallo del esfuerzo parece haberse traído abajo los dos; hoy se teme por las acciones de venganza en contra de más de 30 mil franceses en Africa.

Por otro lado, la experiencia de Estados Unidos en Iraq y Afganistán, donde lo que empezó como una guerra de alcance limitado se convirtió en un conflicto de lucha irregular entre fuerzas de ocupación y resistencia partisana, debería preocupar seriamente a París. ¿Será Malí el Iraq francés? Desgraciadamente parece que, para muchas personas, eso será así.

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