miércoles, 23 de enero de 2013

Maíz transgénico y posicionamiento desde la izquierda.


Más entre el colectivo ambientalista que entre la población en general, se ha manifestado un rechazo a la decisión de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNB) de permitir a la empresa DPL Semillas, subsidiaria de la transnacional Monsanto, el cultivar maíz genéticamente modificado en Guanacaste, destinado a la obtención de material reproductor (nueva semilla para ser vendida).

Ahora bien, ¿que tendría la izquierda que decir ante esta coyuntura? ¿Debería existir una cierta base de orden ideológica y axiológica que determinara su posición? De inicio creo que la respuesta a ambas preguntas pasa por un elemento previo: dependerá de qué expresión de la izquierda lo haga. Y desde mi propia percepción de lo que debe ser una expresión de izquierda acorde a mi concepción, es que quisiera plantear algunos elementos de análisis.

La decisión es coherente con una visión capitalista de la naturaleza.

Ante todo, los(as) activistas ambientalistas que se han manifestado en contra de esta decisión deben entender que esta no es producto, al menos totalmente, de una conspiración en la que quienes la apoyaron actuaron como simples peones irreflexivos. Algo de ello habrá, tema para quien se interese en la investigación de redes sociales (¿cuales son las relaciones entre los componentes de la CTNB y las transnacionales de la agricultura?).

Lo que opera en esta decisión es una serie de premisas que les hacen escoger, como válidos, ciertos elementos sobre otros. Quienes adversan y quienes apoyan los cultivos genéticamente modificados (CGM), hay planos de valores tan diferentes que hace, casi imposible, que haya un diálogo racional al momento de tomar una decisión.

¿Cuáles son esos elementos que le dan coherencia a la decisión tomada? En un artículo de Refugio Ortega Ramírez, titulado “Maíz transgénico: riesgos y beneficios”, la autora hace un repaso a la definición de lo que es el maíz transgénico y revisa los argumentos a favor y en contra. Concretamente, al enumerar los apoyos, ella los enumera así:

"1. Se han triplicado las cosechas de maíz, lo cual ha ayudado en gran medida a combatir el hambre en poblaciones en constante crecimiento con escasez y sequía.2. Se ha logrado disminuir considerablemente el uso de pesticidas químicos y con ello la toxicidad de alimentos tratados con ellos.3. Los alimentos genéticamente modificados ya se cosechan con las vitaminas y minerales integrados.4. La aplicación de esta tecnología permite prácticas agrícolas sustentables y la producción de materiales con recursos renovables.5. Incrementa la viabilidad económica en la producción y reduce la pérdida hasta un 30% durante su distribución y venta, de manera que se puede ampliar la vida poscosecha de los productos.6. Permite la aplicación rápida de programas de conservación de suelos.7. Mejora la calidad de vida de los productores y la obtención de productos útiles y que mejoran la salud humana."

Los argumentos que se esgrimen en contra, a su vez, también son en muchos contundentes. Tomados del mismo artículo, estos son:

1. Con respecto al medio ambiente representan riesgos porque son productos completamente nuevos en la naturaleza, que no han pasado por la prueba natural de la evolución y porque son resultado de una técnica muy reciente. Algunos de los posibles riesgos son: que puedan afectar a insectos benéficos; que las toxinas Bt activas puedan acumularse y persistir en los suelos; que puedan surgir plagas de insectos resistentes al Bt y que la resistencia a la ampicilina del maíz Bt pueda ser transferida a organismos patógenos, aumentando los preocupantes problemas de salud pública derivados del aumento de resistencia de determinadas bacterias a los antibióticos.
2. No se ha demostrado que su consumo haga daño a la salud humana, pero tampoco lo contrario, y la demanda de las organizaciones civiles es que se investigue más antes de sacarlos al mercado. Sí es posible que este tipo de alimentos causen el desarrollo de alergias. El cuerpo humano se enfrenta a nuevas proteínas, que nuestro sistema inmunológico reconoce como extrañas.
3. Otro problema que se perfila es la transferencia horizontal de genes: el material genético introducido, que es inestable, puede incorporarse en el material genético de otros organismos que se encuentren en el entorno.
4. Con respecto a la biodiversidad, el maíz es una especie que tiene polinización cruzada y el polen es transportado por el viento. Esto ha sido estudiado por Chapela y Quist, quienes encontraron un alto nivel de flujo genético de maíces transgénicos producidos industrialmente hacia poblaciones de maíces criollos en Oaxaca, México. Ello resulta especialmente preocupante, no sólo debido a la importancia sociocultural y económica de la agricultura tradicional del maíz, sino también porque México es el centro de origen de este importante cereal.

Está claro, al comparar ambas líneas de razonaniento, que haber creído que quienes ven en la primera lo correcto y en la segunda lo incorrecto, iban a asumir un posición contraria, era pedirle peras al olmo (al menos mientras no modifiquen genéticamente los olmos, por cierto). Mientras unas se anclan en el positivismo, con una fuerte premisa economicista la otra, por el contrario, se vale de elementos críticos para actuar precautoriamente. En suma, el horizonte al que apuntan es diferente.

Los elementos que deberían potenciarse en esta discusión.

En buena parte voy a seguir propuestas que ha hecho el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos y que plasma en una serie de “cartas a las izquierdas”. En su primera carta, propone un conjunto de ideas que deberían orientar una reconstrucción de la izquierda. Rescato dos de ellas en este debate, aunque todas son una buena agenda de discusión y, eventualmente, de acción. Estas dos ideas son el interculturalismo y la relación ser humano-naturaleza.

El colonialismo cultural.

Para los meseteños, el maíz no represen-
ta ya mayor cosa como algo con lo que
se hacen tortillas... de paquete.
Esta decisión, a mi modo de ver, está cruzada por una impronta de colonialismo cultural. Debo acotar que este elemento lo veo en tanto se desprecia, aparentemente, todo el elemento cultural que significa el maíz en la provincia de Guanacaste. El desprecio, o menosprecio, de este factor se debe, creo, en buena medida a que se parte de una concepción meseteña de lo que es valioso o no. De esa manera, los elementos de cultura tradicional guanacasteca son, por un lado, insertadas en un corpus hegemónico de lo que es folclórico y se obvia el conjunto. Además, en el caso del maíz, se parte de una visión muy estrecha y de alguna manera hegemónica: el maíz es importante para esa visión meseteña, en el tanto se usa para comer tortillas (industrializadas y no artesanales o como parte de su cotidianidad) y la masa de los tamales en diciembre (igual, a partir de usar masa deshidratada y con cada día menos prácticas tradicionales).

En Guanacaste, la variedad de maíz no sólo es un aspecto de
la riqueza biológico agrícola, en torno a estas hay una riqueza
cultural y lingüística que de perderse, golpearía fuertemente
la identidad de Guanacaste.
En Guanacaste es un caso absolutamente distinto, y no sólo en el ámbito culinario, sino como parte de una herencia cultural e histórica que, si se valorara de otra manera, debería ser un elemento de cohesión en lo interno de Guanacaste y de interacción con otras manifestaciones culturales al interno de Costa Rica. No se trata de conservarlo como un exotismo o como una manifestación de un cierto romanticismo (una especie de re edición del “buen salvaje” roussioniano). Una muy buena reseña sobre la riqueza cultural que implica el maíz en Guanacaste se puede leer en el artículo de Patricia Sedó Masís titulado “Un acercamiento a la gastronomíade la Provincia de Guanacaste.”

La relación con la naturaleza.

El mismo De Sousa Santos, en el artículo ya mencionado, plantea (y ya lo había hecho antes) que

"...el siglo pasado reveló que la relación de los humanos con la naturaleza es una relación de dominación contra la cual hay que luchar; el crecimiento económico no es infinito."

La modernidad implicó que la naturaleza se concibiera como algo externo al individuo e incluso a la sociedad. Por tanto, esta naturaleza no podía colocarse en un plano de igualdad, pero poseía elementos necesarios para la supervivencia del ser humano. Y en el tanto la modernidad se expande junto con el capitalismo, una relación dialéctica de mutuo reforzamiento, también la naturaleza adquiere una importancia en tanto es de donde se obtiene materia prima necesaria para iniciar los procesos de transformación y creación de plusvalía.

Es por ello que la naturaleza sólo tiene significado en el tanto sea posible explotarla. Y esa explotación implica que se establece una relación de dominación a través de ejercer una violencia sobre la naturaleza. Los resultados han sido desastrosos, como bien lo evidencia el cambio climático, la creciente deforestación y tantos otros males que hoy amenazan, incluso, la misma persistencia de la especie humana.

En el caso del maíz transgénico, es indudable que al no considerar los posibles efectos sobre el entorno natural, se sigue actuando en la misma sintonía de considerar la naturaleza como una simple externalidad, ajena por completo a la sociedad, y que debe (no puede, debe) ser dominada.

¿Será posible que se politice la lucha?

Concitar apoyos, mejorar la comunicación con la sociedad en
general, romper los cercos de la cofradía. Ese es el reto con el
que se enfrentan quienes se oponen a la entrada del maíz trans-
génico. Y el potencial existe, así como la sensibilidad en la po-
blación, pero debe ejercitarse la pedagogía política que permita
acumular para la verdadera lucha, que es contra la lógica capi-
talista que impera en la sociedad.
Desgraciadamente me parece que esta es una lucha perdida, ya que no parece haber un suficiente apoyo entre la población. Esta es una condición que parece imprescindible en caso de las luchas que impulsen los movimientos sociales: no basta con estar fortalecidos en el colectivo que se identifique con los intereses que los nuclean, para que haya mayor probabilidad de éxito se deben consitar apoyos amplios con otras expresiones de movimientos sociales y, además, lograr una base social de apoyo.

Es por ello que parece necesario iniciar un debate centrado en los elementos más de orden político que los de orden técnico y científico. Mantener el debate en esos términos solamente va a aislar la discusión y convertirla en algo ajeno al grueso de la población. También creo que se debe evitar no aportar elementos de orden objetivo en la discusión. He visto que mucha de la indignación se manifiesta en frases tales como: ¡Vamos a derrotar a Monsanto! Pero, para quien podría estar proclive a apoyar la lucha, ¿de qué carajos le están hablando?

1 comentario:

  1. Muy bueno, Juan. Comparto también su denuncia del panfletarismo y el maniqueísmo, tan usual en nuestra izquierda, y tan estéril si de cambiar algo se trata.

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