jueves, 3 de enero de 2013

Realidades deseables I. Si se incumple con los derechos laborales, se deben perder los derechos de propiedad


La casualidad es simplemente eso, azar. Pero muchas veces se convierte en causalidad, como es el caso del tema de este túnel.

Leía hoy en la columna de Jorge VargasCullel, algunos datos que transcribe de la última Encuesta Nacional de Hogares referente a los incumplimientos del pago del aguinaldo. La verdad, es para alarmarse y debería ser una campanada de alerta para los partidos políticos que se han posicionado en el campo de la defensa de la clase trabajadora costarricense.

Un 20% de los y las trabajadores(as) asalariados(as) en nuestro país no reciben aguinaldo. En el campo y en centros de trabajo con menos de 9 personas empleadas, tan sólo lo reciben un 50%. Pero aquí no pasa nada. ¿Porqué suceden estas cosas? Según el columnista se debe a dos factores: un desprecio para cumplir con la ley (visto así, un desprecio por la condición de sujetos de derechos para con los(as) trabajadores(as) y un problema de productividad, una incapacidad de generar los recursos económicos para cumplir con las obligaciones legales.

Las dos me parecen creíbles, pero ello no puede ser justificaciones para quedarse con los brazos cruzados. Tampoco parece ser válido seguir clamando al cielo por un ángel vengador que, espada flamígena en mano, baje para hacer cumplir las leyes. Las soluciones tiene que venir por otro lado.

Al menos para mí, ya va siendo hora que se plantearan de manera frontal y sin rodeos ni cálculos inmediatistas, acciones encaminadas a romper el círculo que, al final de cuentas, es la verdadera causa de estos problemas: la reverencia fetichista hacia la propiedad privada de los medios de producción. Y cuando uso el término fetichista lo hago precisamente porque ya va siendo hora de que la clase trabajadora entienda que ella, como colectivos que mantienen en movimiento los engranajes de la maquinaria capitalista, está perfectamente capacitada para poder tomar en sus manos el control de los centros de trabajo.

¿Cómo no van a ser capaces? ¿Qué papel cumple el dueño de los medios de producción que sea exclusivo de este? Ninguno, salvo aquellos que tienen que ver con el uso de ciertos capitales de orden social y político, pero que únicamente le benefician en tanto optimiza su capacidad de apropiarse de mayores cuotas de plusvalía. Supongamos que el día de mañana en una fábrica o una tienda se le entregara el control a los(as) empleados(as); nada cambiaría, salvo tal vez elementos de orden conductual al sentirse dueños(as) de sopetón, y malinterpreten las cosas queriendo relajar la disciplina y la productividad (este por cierto, una espada de Damócles en cualquier proceso de socialización de la producción).

130 trabajadores(as) en la calle ante la huída de su patrono.
¿Y no son capaces de controlar su propio destino?
Veamos un caso concreto dado a conocer por Noticias Repretel en su sitio web. SAS Marketing era una empresa que tenía un contrato con Autopistas del Sol para cobrar los peajes en la ruta 27, privatizada por el Estado. De la noche a la mañana, finiquitan el contrato, desaparecen del mapa y dejaron a 130 personas ayunas de aguinaldo y prestaciones. El salario promedio de cada persona era de 320 mil colones. Suponiendo que estaban asegurados(as) entonces el salario bruto era de 355 mil 555 colones. Dado que son 130 personas, el monto total a pagar debería ser de 46 millones 222 mil colones. Ahora bien, en la misma nota se indica que la facturación mensual de esta compañía era de 80 millones de colones. Dicho en plata blanca, si se creaba un fondo de 3 millones 851 mil colones por mes se habría cubierto la obligación legal, usando tan sólo un 4,8% de los ingresos brutos de la empresa. Pero ello no sucede así, simplemente liquidan las operaciones y “a mí que me importa”.

Como consuelo se dice que ya se firmó con otra empresa y que todas las personas han sido recontratadas... lo que no se dice es que muy probablemente empezando de cero. Y esta situación no es nueva, ya antes ha sucedido. Quién pierde siempre parece ser aquellos que nacieron para ello en el capitalismo, la clase trabajadora.

Como nada cambia, ha llegado el momento de plantear con audacia reinvindicaciones. En primer término, convencer a los(as) trabajadores(as) que sí son capaces de poder llevar adelante una empresa de cualquier tipo, eso sí, con formas nuevas de organización interna, que si bien deben mantener una cierta jerarquía, ello no significa que estén excluidos de los beneficios que se generen en la misma. En dos patadas, que pueden ser los dueños de su propio trabajo.

Que en situaciones como las antes mencionadas, de incumplimientos flagrantes de la ley, debería traspasarse toda la capacidad productiva a la planilla afectada, perdiendo todo derecho sobre la propiedad de los medios de producción el capitalista que haya incumplido. Y por último, debe existir una sindicalización fuerte y preparada, no para mantener burocracias ineficientes y parásitas, sino para ejercer una fiscalización sobre las decisiones que se tomen en los centros de trabajo. ¿Poco realista? Depende, porque al menos yo estoy convencido de que la realidad no es externa a la sociedad ni al individuo, que ella se construye a partir de un proyecto histórico. Y todo proyecto histórico inicia, al menos como boceto de la pintura final, como una serie de ideas que guían la acción. Queda en el tintero la cuestión del sindicalismo, pero eso es materia de otro túnel futuro.

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