domingo, 24 de febrero de 2013

¿¿Estamos ante una renovación del ultramontanismo?


Ultramontano se refiere, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en su tercera acepción como “Partidario o defensor del más lato poder y amplias facultades del Papa.” Son aquellas corrientes de pensamiento en las que, el poder civil, no puede ser autónomo de la Iglesia.

De manera más amplia, yo me atrevería a proponer que hoy vivimos un neoultramontanismo; una tendencia cada vez mayor de parte de sectores religiosos, ya no sólo católicos, de ver al Estado como un apéndice de un poder emanado de los dogmas religiosos, llegando al punto de que no es posible ni aceptable el que este legisle y actúe en contra de los mismos.

Creo que puedo presentar algunos antecedentes históricos de ello, algunos lejanos en el tiempo, algunos cercanos en el tiempo y el espacio y, en nuestro país, tendencias a una manifestación de este “aggiornaminento” del ultramontanismo.

Algunos ejemplos históricos.

La Iglesia y el Ejército fueron los pilares sobre los que 
fundó Franco su dictadura en España. En esta foto se 
puede ver a un obispo y altos oficiales saludando con 
el brazo en alto.
El ejemplo más acabado que he encontrado en la historia reciente es el nacional catolicismo español, tal y como se configuró y operó durante la dictadura franquista en España, entre 1939 y 1975. Durante esos años, más que una dictadura fascista o nazi, lo que se dió fue una amalgama entre la jerarquía eclesial, profundamente conservadora y reaccionaria, con los estamentos militares, que aportaron el autoritarismo.

Las consecuencias fueron pavorosas para la sociedad española: la legalización absoluta del machismo, considerando a la mujer como una persona incapaz de ejercer sus derechos, equiparándola con una persona desvalida; la imposición de una moralidad que condenaba cualquier manifestación de modernidad o, siquiera, de cosmopolitismo; una intolerancia hacia toda aquella manifestación de la religiosidad que estuviera en contra del dogma oficial católico; una colaboración activa de parte de la Iglesia en la persecución, represión y desaparición física de cualquier persona que se opusiera a la dictadura de Francisco Franco y su infame “Movimiento Nacional”. Uno de los ejemplos más simbólicos es que Franco, utilizaba como lema el de “Caudillo por la gracia de Dios”, un tratamiento que incluso los mismos reyes habían abandonado. O que durante mucho tiempo saliera bajo palio, un honor destinado únicamente a la alta jerarquía eclesial.
Cada vez que Franco visitaba una 
iglesia se le honraba saliendo bajo 
palio.

Ríos Montt, al centro, es un "cristiano renacido", pero 
ello  no fue óbice para ejercer el genocidio en contra de 
etnias del grupo maya-quiché durante su dictadura.
Más cerca en el tiempo, está el caso de Ríos Montt en Guatemala. Desde que usurpa el poder a otros militares igualmente golpistas, este general-pastor neopentecostal ordena uno de los episodios de genocidio contra las etnias maya-quiché más brutales en cuanto a los métodos y la magnitud de personas afectadas. Y si los kaibiles (tropas de élite del ejército guatemalteco) eran la vanguardia, detrás entraban batallones de predicadores que sistemáticamente trataban de mantener a quienes sobrevivían en un estado de sumisión completo. Hay varios materiales audiovisuales donde se puede ver y oír a Ríos Montt predicando primero y justificando después, basado en mandatos “divinos”, las órdenes de asesinato contra cualquier opositor a la dictadura.

Pero este fenómeno no es único del cristianismo, como se puede evidenciar al observar casos como el de Israel o algunos países musulmanes. Israel utiliza el elemento religioso para justificar la política de agresión en contra del pueblo palestino, al que se califica como un usurpador de una tierras que, según su tradición religiosa, les pertenecen al haberles sido conferidas por Jehová. Y sobre la base de un apego irrestricto a lo religioso, han montado su Estado, tanto que los sectores más fundamentalistas no sólo cuentan con unos beneficios que no poseen otros(as) creyentes menos conservadores, sino que en las instituciones políticas, sus partidos son bisagras al poder.

En el mundo islámico, también, se dan estas peligrosas confusiones entre lo religioso y el Estado. El caso más terrible y patético ha sido el del régimen talibán en Afganistán. La destrucción de obras de arte y tesoros arqueológicos y la sistemática imposición de patrones de conducta a hombres y mujeres son manifestaciones de una barbarie no imaginada en el siglo XXI, y todo inspirado en una aplicación de dogmas religiosos. Por supuesto, esto no justifica las guerras de agresión en contra del pueblo afgano, pero tampoco hay que cerrar los ojos a una realidad más que evidente.

De estos casos hasta aquí expuestos creo que se pueden señalar varias regularidades: Una concepción conservadora y reaccionaria del poder, un esfuerzo sistemático por imponer una moralidad que apela a la sumisión, un modo autoritario y despótico de imponer el dominio sobre la sociedad y la exclusión, física y/o simbólica de aquellos sectores sociales que no respondan a una concepción dogmática (en lo religioso) de lo que debe ser un hombre o una mujer. Digresión necesaria, dado que no es un ensayo extenso, puede ser objeto de mayor análisis, y ya me sentiría feliz de que así fuera.

Costa Rica no escapa a esta tendencia

Desde hace ya bastante tiempo se puede observar en nuestro país manifestaciones de este talante neoultramontano en sectores cada vez más amplios de lo político. No estamos siquiera cerca de llegar a los extremos de los casos que expuse arriba, pero eso no debe hacer dejar de lado la situación.

Basta con recordar, por ejemplo, lo dificultoso que ha sido modificar la Constitución Política para eliminar la confesionalidad del Estado, resabio que creo ya son muy pocos países en el mundo que lo mantienen. Y todavía más complicado fue la propuesta de eliminar el juramente ante Dios, se acusó a quienes lo apoyaron de ser poco menos que íncubos demoníacos por querer “sacar a Dios de la Constitución”. ¡Pero sí hasta en la catolicísima España los cargos pueden optar por jurar ante Dios o la Constitución!

Laura Chinchilla, "hija predilecta de María". Esta distinción 
la ha pagado durante su gestión a la Iglesia católica, bloqueando 
las uniones de personas del mismo sexo y la fecundación in vitro.
O bien el que nuestra actual presidenta, pocos días después de haber sido electa, fuera nombrada por parte del obispo de Cartago como “hija predilecta de María”. Entre eso y que Franco saliera bajo palio, ¿cuál es la diferencia simbólica? A mi modo de ver ninguna, en ambos casos la Iglesia actuó como un legitimador del poder civil. ¿Será por ello que la actual administración ha actuado tan a remolque en cuanto a ciertos derechos civiles, sobre todo, de las personas sexualmente diversas o en el caso de la fecundación in vitro? Si el que un gobierno actúe a dictado de la Conferencia Episcopal y ciertos grupos neopentecostales no es ser ultramontano, ¿qué lo es?

Es por ello que no llama la atención, pensando en que fuera un evento aislado, el empoderamiento y desfachatez con la que actúa Justo Orozco, diputado por un partido abiertamente confesional y él mismo, pastor de una congregación religiosas. Es por ello que se puede entender que otro partido igualmente confesional, escisión del de Orozco, haya propuesto convertir a Costa Rica en una especie de monarquía celestial, al proponer que se modificara la Constitución, eliminando la mención al catolicismo como religión oficial y se sustituyera por declarar... ¡A Jesucristo Rey y Señor de Costa Rica!

Vamos más allá, en cuanto al uso de lugares comunes en el lenguaje. Actualmente parece que es imposible oír declaraciones, ya sea de políticos(as), jerarcas o simples futbolistas, que no tengan que hacer, al menos, una mención a Dios o la Virgen María. Hasta cansino es, pero, ¿no es esto reflejo de como la religión se va instalando como el elemento de, supuestamente, legitimación del poder? ¿No es esta una manifestación de como la mención religiosa ya ha sido asumida como una manifestación de coerción social?

2 comentarios:

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