domingo, 10 de marzo de 2013

De Berlín 1936 a San José 2013. Poco ha cambiado.


En algún momento, hablando sobre Simmel en una de las maravillosas clases con el doctor Oscar Fernández, nos mencionaba como este autor alemán comprendía los procesos electorales como una forma de evitar, o canalizar por medios pacíficos, las discrepancias entre grupos sociales. Las elecciones tenían el valor de evitar que las contradicciones se canalizaran por medios violentos. Con ello, a su vez, se supone que ganan todos. Quien vence, evidentemente. Quien pierde, garantiza su supervivencia (literalmente).

Arriesgándome un poco, me atrevería a efectuar una especie de “spin off” de esta idea. La competencias deportivas que involucran a diferentes países, permiten llevar a cabo una especie de guerra ritual, en la que la derrota de un adversario (los otros países), no implica la eliminación física de aquel. Los elementos de victoria y derrota se convierten en exaltación de los héroes propios y la humillación de los ajenos. Un especie de ejercicio de violencia simbólica sobre otras naciones completas.

Es por ello que en muchos regímenes, las competencias y triunfos deportivos sean vistos como un problema de Estado. Los ejemplos más acabados de esto se observaron, creo que por primera vez, en la Italia fascista durante los campeonatos mundiales de fútbol de 1934 y 1938, así como en la Alemania nazi durante las olimpíadas de 1936.

Afiche del campeonato mundial
de fútbol de Italia, 1934, en plena
dictadura fascista.
Estos tres momentos fueron usados por los dictadores Mussolini y Hitler, para tratar de justificar que los logros deportivos simplemente respondían a una manifestación de la superioridad propia sobre los otros inferiores. Asimismo, los despliegues de fastuosidad y majestuosidad en los actos inaugurales, solamente eran una parafernalia montada para reforzar, visualmente, este talante. Basta con recordar la gráfica de los afiches del mundial de 1934 o la película Olympia, realizada por la cineasta del régimen, Leni Riefenstahl.

Es precisamente en esta Olimpíada, en que se da por primera vez un acto de inauguración con ribetes de espectacularidad, pero sobre todo, con una intención de exaltación de lo que, precisamente, no busca el olimpismo; la superioridad alemana sobre el resto. Un acto inaugural en el que se mandaba un mensaje claro al resto del mundo: esto es el nazismo. Las imágenes de Riefenstahl hablan por sí solas. La persona diluida en la masa, el orden y la disciplina que justificará las conquistas sobre los demás, la majestuosidad imperial. Por cierto, la ceremonia de la antorcha fue idea de los ideólogos y propagandistas nazis, tan exitosa, que se incorporó desde entonces.

La versión tropicalizada.

Entendiendo desde entonces el valor simbólico de las competencias deportivas internacionales, cada vez más vemos como hay países que, en sus dimensiones respectivas, se esfuerzan por adquirir una sede. Ya sea una Olimpíada, un campeonato mundial de fútbol (masculino o femenino) o juegos del ciclo olímpico a nivel regional, es un momento importante para el poder.

Costa Rica no es una excepción. El bienio 2013-2014 se presentaba auspicioso en ese sentido. Por un lado, la FIFA le otorgó el campeonato mundial femenino sub-17; mismo que fracasó sin haber siquiera iniciado las obras de infraestructura. Por cierto, la fecha de realización se había adelantado, cosa que casi no se menciona, de diciembre del 2014 a abril de ese año, para que Laura Chinchilla pudiera estar presente como presidenta. ¿Es o no un uso del deporte con fines claramente de ejercicio del poder? Y este adelanto conllevó un adelanto del calendario previo y, a la larga, el fracaso y pérdida de la sede. Esto podría explicar la desesperación del gobierno por tratar de revertir la decisión de la FIFA, que por cierto a veces parece tener más poder que la misma ONU (al fin al cabo, reúne más países y mueve más dinero).

Uno de esos momentos de exaltación
de lo nuestro sobre los otros.
El otro momento lo vivimos al escribir estas líneas. San José es la sede en la que se desarrollan los Juegos Deportivos Centroamericanos. Y como toda actividad de esta índole, tuvo su respectivo acto inaugural. El domingo 3 de marzo, en la noche, el Estadio Nacional acogió un espectáculo que, desde una perspectiva de realización y novedad, marcará un antes y un después sin lugar a discusión; incluido el incendio de 600 m2 de techo por un descuido en los fuegos artificiales.

Ahora, sí le entramos por el lado del talante, la inauguración fue definitivamente un desacierto absoluto. El contenido mismo que articulaba la estética desplegada fue una apología abierta al tradicional chovinismo costarricense, cultivado desde la clase dominante, como un elemento hegemónico en la sociedad. Incluso, para quienes valoramos a la humanidad sobre las nacionalidades, era insultante y agresivo. Despliegues de banderas, eslóganes, mensajes explícitos de ideogramas de superioridad sobre los “otros que no son como nosotros”. Y una obscena exhibición de Johnny Araya Monge, candidato del PLN y alcalde de San José junto a Laura Chinchilla, presidenta actual.

El incendio de parte del techo del Estadio Na-
cional lo ha tratado de minimizar Araya. Y es
entendible, ese fuego podría ser su fogata de
vanidades para febrero del 2014.
Araya Monge se pavoneaba, sacaba pecho y sonrisa. Y como no lo iba a hacer, si ese era su exaltación al poder. En él se quiso centrar todo lo exitoso, novedoso y majestuoso. Él de una u otra manera mandaba un mensaje de que merece estar en el poder, relevando a quien le acompañaba. En suma: la inauguración de los Juegos Deportivos Centroamericanos no se pensó en la lógica de buscar una Centroamérica unida; por el contrario, se pensó como la primera plaza pública de Araya Monge, lanzando mensajes de que es un “buen tico”, sobre todo, porque manifestó que somos “superiores” al resto de los países del istmo. Claro, el incendio del techo, no fue culpa de él. Y si quieren cotejar mi apreciación vean un video de la misma, eso sí, con un ojo que vea más allá de lo que se ve.

3 comentarios:

  1. Coincido con usted. Fue una típica "sacada de ojos" a los hermanos de la región. Yo traté de ponerme en el lugar de cualquiera de las y los invitados y lo que hizo ese acto inaugural fue reafirmar la idea que tienen de nosotros de que somos "unos hartados y rajones". Francamente eses acto me dio congoja y pena ajena.

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  2. Juan, quisiera estar en desacuerdo con usted. Pero, la lectura de los hechos acontecidos ese día, son tal y como los describe lamentablemente. Y utilizó este último adjetivo en términos, si se quiere de malas noticias para nuestra sociedad. Es decir, un candidato a presidente, que con un desparpajo terrible y como si fuera bailarina del "moulin rouge", se pavonea, exhibiendo de manera soberbia su arrogancia y petulancia, de una presidencia que aún y guardo la esperanza se la podamos arrebatar en el 2014. Lo más grave, de ese derroche de falta de cordura es que está utilizando recursos públicos para promocinar su campaña y la de la élite que lo acompaña. Por lo anterior muy mala noticia para nosotros y nosotras los de a pie.

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  3. Q pena no poder compartir tu opinión, aunque claro q araya lo uso para lucirse y hubo elementos q no tuvieron la relevancia q debieran. Sin embargo, yo fui con mi familia, había muchas familias q fueron a ver a muchachos muy esforzados, deportistas sanos q cada uno siente orgullo d representar a su pais, y eso merecia acompañrse d un evento hecho con lo q los ticos se identifican, al.menos la gran mayoria, el baile.del torito, la bamdera ondeante, silvia, chope, la.carreta. Los muchachos d los tambores, pura energia y alegria, el bosque y el.agua (q tal vez no cuidamos como debieramos pero q nos recuerdan q somos d esta selva tropical centroamericana. La energía en ese lugar, antes del incendio, fue super positiva, esperanzadora y d calida recepción para los demás centroamericanos, lástima q no lo sentiste asi, pero para esos cientos d deportistas y sus amigos fue de lo mejor!!

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