sábado, 30 de marzo de 2013

La guerra y la banalidad posmoderna. Un caso concreto.


¿Qué marcan los tiempos posmodernos que vivimos? Una respuesta corta y completa creo que es imposible. Incluso podría hacerse una discusión casi eterna sobre si es posmodernismo, modernismo tardío o decadente, etc. Así que, para no caer en la tentación del universalismo, voy a darle la vuelta al embudo y ver pos su parte angosta.

Al menos hay tres elementos que yo identifico de este momento de la Historia. Uno es el individualismo exacerbado, el segundo sería la banalización de la realidad y por último, lo contingente de la realidad. Y estos tres elementos se pueden observar, al menos así lo propongo, en la actual crisis político-militar que se vive en la península coreana.

Esta crisis no es menor. Estamos ante una situación altamente volátil, con un accionar de la República Popular de Corea (Corea del Norte) de alta violencia discursiva con un correlato fáctico; y por el otro lado una República de Corea (Corea del Sur) que responde igual y que cuenta con el respaldo evidente y demostrativo del aparato militar estadounidense. Y hay que ser francos, la guerra que enfrentó a ambos bandos, entre 1950 y 1953, nunca terminó formalmente. Desde 1953 lo que existe es, al menos desde la perspectiva de formalidad legal internacional, un simple alto al fuego.

El paralelo 38 norte es una de las zonas del planeta con
En el paralelo 38, frontera entre las Coreas, la
densidad de soldados y armamento es la ma-
yor del planeta. Al fin y al cabo, la guerra nunca
tuvo un final como tal, sólo un cese al fuego.
mayor densidad de personal militar y armamento que existe. Asimismo, la cuestión de la reunificación de la península en un solo país (léase, la aniquilación de alguno de los dos estados coreanos) forma parte de los valores que ambos países han adoptado y es usado como elemento hegemónico. Corea del Norte lo ha incluido en sus constitución como un deber nacional, Corea del Sur posee, formalmente, un Ministerio para la Reunificación. Y ambos países han sostenido enfrentamientos militares, escaramuzas hasta ahora, pero que no han contribuido a posicionar la búsqueda de una salida negociada.

Corea del Norte parece haber apostado a un reforzamiento de su capacidad militar ante este estado de guerra permanente, aunque nunca asumido como tal. El último acto de esta doctrina de defensa ha sido el desarrollo de armamento nuclear y sus vectores de lanzamiento (misiles). Estados Unidos, concitando apoyos entre muchos países cercanos en el área (Corea del Sur -evidentemente- y Japón), impulsa una serie de acciones encaminadas a poner un asedio contra Corea del Norte y posicionar a este estado como un paria del concierto de naciones.

Una digresión pequeña; es curioso como estas prácticas de la diplomacia actual no deja de tener una similitud pasmosa con las cruzadas medievales. Los asedios, como una forma de tratar de rendir por hambre y desesperanza y señalar a los asediados como infieles y bárbaros para justificar su aniquilamiento.

En las últimas semanas, la tensión militar haya llegado a niveles en los que la posibilidad de acciones militares a gran escala sean una posibilidad inminente. No sólo hay retórica por parte de los dos actores enfrentados (incluyo Corea del Sur y Estados Unidos como un sólo actor) sino que hay acciones militares que parecen indicar que, sin un par de tiros, no habrá posibilidad de una salida negociada. Incluso cabe preguntare si es posible esta. Personalmente creo que, desde la Crisis de los Misiles en 1962, pocas veces hemos estado tan cerca de que se use armamento nuclear en un conflicto armado.

Desde 1962 el mundo no ha estado tan cerca
de que se use armamento nuclear en acciones
bélicas. Pero a diferencia de ese momento, ya
no parece haber un actor que pueda ser inter-
locutor con Estados Unidos. ¿Habrá guerra?
Pero a diferencia de 1962, hoy vivimos una época de individualismo. Un individualismo que ha sido producido de la pérdida de los lazos que mantenían una estructura social, y si bien han aparecido nuevas formas de socialización, más que contribuir a la creación de estructuras definidas, son tan débiles y poco definidas, tan permeadas por un talante antipolítico, que la estructura más parece la cabaña de aquella famosa escena de “LaQuimera del Oro” de Chaplin.

Este individualismo hace que poca gente siquiera se preocupe por la posibilidad de una guerra poque ya no piensan en sí mismos como parte de un colectivo de apenas 6 mil millones de individuos, llamado especie humana. ¿En qué me afecta a mí que en la península coreana -si es que la pueden ubicar en el mapa- vaya a haber una guerra? Y esto lleva a que “el otro” hoy más que nunca sea una externalidad, ya no a una sociedad, al individuo como tal.

Igualmente, esta individualidad ha hecho que no haya una gradación, una valoración real de los acontecimientos. Ahí entra la banalidad, el quitarle importancia y relevancia a los hechos. Todo tiene importancia en el tanto yo como individuo así lo considere. Y sí a mí me interesa (o me han hecho interesarme) más en si Messi anota o no un gol a que entre las Coreas se hayan intercambiado o no misiles, ambos eventos se consideran como igualmente relevantes, sin considerar las implicaciones colectivas o a futuro.

De este aspecto derivo que, junto con estos dos elementos caracterizadores del posmodernismo, podamos incluir lo contingente como la realidad válida. Todo existe en el tanto no aparezca un nuevo hecho que lo desplace del inmediato. Porque como todo tiene igual relevancia, dado que así alguien lo decidió y por tanto hay que “respetarlo”, en ese tanto es válido dedicar igual espacio e importancia a que Messi haya anotado en 19 partidos consecutivos a que Corea del Norte declare el estado de guerra contra Corea del Sur.

Pero esos son los tiempos que nos ha tocado vivir.

3 comentarios:

  1. Una posibilidad es que se esté siguiendo una estrategia con Corea del Norte,similar a la que aplicó Reagan en los ochentas con la URSS: la presión hacia la militarización a gran escala, no puede ser soportada por economías débiles de baja productividad. La URSS no lo soportó. De por sí su debilidad económica -arrastrada a lo largo de muchos años- era grande,de modo que bajo las circunstancias que Reagan le planteó en aquellos momentos, la economía se desplomó y el régimen colapsó. Quizá se esté jugando con Corea del Norte un ajedrez similar, en que el régimen coreano -cerrado y dictatorial- ha caído redondito. Podría ser el principio de su fin.

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    1. Gracias Luis Paulino por tu comentario que, por dicha, viene a poner un elemento más para el análisis de una situación compleja. Y muchas gracias por leer estos artículos en el blog.

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    2. Muy buen análisis, Juan, y muy interesante el comentario de Luis Paulino. Gracias.

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