sábado, 22 de junio de 2013

El desayuno de la gallina y el cerdo. A propósito de un editorial de La Nación.

Hasta unos dos años, poco más o menos, trabajaba para una empresa que vende servicios de educación. Como es usual en muchas de estas, se gastan al principio del año lectivo unos buenos cientos de miles de colones trayendo “motivadores” (siempre fueron hombres). Su misión es “motivar” a los(as) trabajadores(as) a que acepten de buena gana, y con no poca colaboraci´pon voluntaria, el proceso de explotación que deberán afrontar en el curso que inicia.

Uno de esos expertos en motivación (yo prefiero llamarlo agente de construcción de hegemonía patronal), inició su charla contando una historieta, cuya temática es la que inspiró el título de este túnel. En síntesis, nos despachó una trama en la que un cerdo y una gallina decidieron hacer un desayuno compartido. Cuando se discutió quien llevaba que, la gallina le propuso al cerdo que ella llevaba los huevos y él debería poner el tocino. Y remata diciendo que en una empresa, el patrono era la gallina y el trabajador el cerdo.

El mensaje no podía ser más claro. El salario que paga el patrono es un desprendimiento de algo valioso, pero no es un mayor sacrificio. Los trabajadores deben, a su vez, darle al patrono su parte, aunque ello signifique un sacrificio y una mutilación física. Al fin y al cabo, poner un huevo no mata a la gallina, sacarle un trozo de tocino al cerdo podría ser fatal, o en el mejor de los casos, dejarle una mutilación corporal.

Todo esto lo traigo a colación con motivo de una nota y un editorial aparecidos en La Nación en esta semana. La nota reseñaba un estudio que ejecutó la administración de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) sobre las incapacidades de las personas trabajadoras. El estudio en mención determinó, suponemos que esa era la motivación del mismo, que en ciertas instituciones públicas, un buen porcentaje de su planilla había debido acogerse a una incapacidad por enfermedad. Que en algunos casos había sido un 50% o más. Y que de las 20 empresas con más incapacidades, solamente 2 eran privadas. En suma, dejan patente que en el sector público las personas se incapacitan más. [1]

Después de la nota, viene el editorial preceptivo [2]. El anónimo editorialista (maldita la hora en que no asumen su responsabilidad personal) en el que califica, sin ningún tipo de rubor, como un “flagrante abuso” lo que sucede en el sector público. Solo el título ya deja clara la intención. Según el DRAE, abuso, como acción de abusar, se refiere a “Usar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien.” Si le agregamos el adjetivo de flagrante, que según el mismo DRAE es “De tal evidencia que no necesita pruebas.”, simplemente cierra la discusión. Ya dictó sentencia, sin posibilidad de defensa o explicación objetiva.

Mucha de la posición la resume la siguiente frase de ese editorial
En ausencia de factores de riesgo particulares, capaces de explicar las epidemias, la lógica apunta en tres direcciones: trabajar para el Estado afecta la salud, el pago del subsidio equivalente a la totalidad del salario enferma, o la combinación de ambos produce condiciones de insalubridad.” [2]
Ahí no está la cuestión. No es un problema de situaciones
ambientales o de características propias del sitio de trabajo. La cosa pasa por el terror con que se ha disciplinado la fuerza laboral en el sector privado. Yo en lugar de asombrarme por las diferencias de incapacidades me preguntaría, ¿cuantas personas han debido asistir a trabajar, aún cuando no estén en condiciones físicas mínimas para hacerlo, por el temor de perder su trabajo? Cuando inician las recurrentes y estacionales epidemias de gripes y diarreas, cada año más fuertes por mi experiencia, afecta a todos(as). ¿Qué factores son los que llevan a una persona a asistir a trabajar a una fábrica, aún cuando no esté en condiciones? ¿Porque desprecia asistir a una clínica o un EBAIS a solicitar su incapacidad y prefiere, en muchos casos, poner en peligro su integridad física?

Pareciera que como en el cuento del malhadado motivador del inicio de este túnel, a la clase trabajadora siempre le toca poner el tocino.

REFERENCIAS



1 comentario:

  1. Si sabrá una lo que es tener compañerxs enfermxs que ni a p $%&@$ faltan por miedo a que les corten el rabo. En la empresa privada las fiebres y jaladas de mocos son cosa de todos los días... y esto en una oficina; no quieroni imaginar en la maquila

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