jueves, 25 de julio de 2013

¿Ministerio de Confrontación o de Comunicación? Autoritarismo en las palabras.

¿En qué consiste la función de un ministerio de comunicación? La pregunta no es baladí, máxime en estos tiempos en que la capacidad de difundir mensajes prácticamente es en tiempo real y con el factor espacial eliminado como barrera.

La informatización es el elemento más importante de los últimos años, al menos, en cuanto a facilitar a nuevos actores sociales el poder materializar la posibilidad de difundir mensajes. Esto se ha venido comprobando cada día en mayor medida. Los enfrentamientos en barrios pobres de Francia, la llamada Primavera Árabe y el movimiento #Yo soy 132 en México, demuestran el poder que tiene la Internet y plataformas como Facebook y Twitter. Si a ello le sumamos la cada vez mayor conectividad que tienen los teléfonos celulares, vemos que habrá que reformular muchas cosas en la acción política entre los gobiernos y la sociedad civil.

Costa Rica no escapa a esta situación, sobre todo, en el presente gobierno. Sin haber entendido estos nuevos tiempos, el ejecutivo costarricense ha apelado a viejos métodos con nuevas formas. O sea, no ha entendido o no ha podido crear estrategias de comunicación que confronten campañas iniciadas a partir de las redes sociales.

Sólo así podríamos entender que en lo que llevamos del período Chinchilla Miranda, ya hayan pasado por ese ministerio tres personas distintas. El primero fue un fiasco y su premio fue nombrarlo ministro de la presidencia, donde el fiasco se repitió pero esta vez menos visible, en su relación con los(as) diputados(as). Precisamente de la Asamblea Legislativa surge el relevo, una persona ligada directamente a los sectores más aperturistas y neoliberales de la burguesía nacional y a raíz del escándalo del vuelo privado de Chinchilla a Perú, para asistir a la boda del hijo de su vicepresidente Liberman. En este episodio el avión usado pertenece a una compañía con cuestionamientos por posible narcotráfico.

Y llega el tercero en discordia. Se nombra al viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Roverssi. Parece ser que este personaje, de clara y evidente ralea partidaria, realizó estudios en periodismo. Así, se suponía que al nombrar a un comunicador profesional (al menos titulado), podría retomarse ese nexo que está desde hace varios días roto con la sociedad civil, o al menos, con los sectores más opuestos y beligerantes al rumbo que ha tenido este gobierno.

Lastimosamente parece ser que el ministro Roverssi ha entendido que comunicar es loar sin mayor pudor ni rubor las acciones del gobierno. Por otro lado, trata de obviar las fallas en gestión no con el silencio, más bien con la confrontación y la burla. Esta estrategia es sumamente peligrosa y evidentemente contraproducente si es que lo que buscan es bajar un poco la creciente pérdida de legitimidad y tener un poco más de calma social para poder terminar, como dirían en España, la fiesta en paz.

ALGUNOS EJEMPLOS DEL ACCIONAR DE ROVERSSI.

Sacar el fantasma de la conspiración: Un ciudadano acusa a
Chinchilla de haber adquirido unas tierras de forma poco clara. Inmediatamente ella, seamos objetivos, en pleno ejercicio de sus derechos ciudadanos, interpone una demanda por injurias y calumnias. El caso es que en las redes se desata una tormenta de comentarios, algunos a favor y muchísimos en contra, de esta acción de la presidenta. Y es cuando Roverssi usa el fantasma de la conspiración como piedra angular de la defensa de la presidenta.

En un programa de radio[1] manifiesta que hay una preocupación en Casa Presidencial dado que han interpretado estos comentarios (y los del pasado también, suponemos) con un objetivo único “debilitar a la presidenta”. Para colmo de males, este debilitamiento se da “con alguna intención extraña”. ¿Quién es el culpable de tan atroz intento de magnicidio mediático? Según Roverssi una “cantidad impresionante de personas que no existen”. O sea, perfiles en los que quienes aparecen como titulares, no lo son. Una especie de anónimo informático.

Si esto no es jugar con el miedo, ¿qué lo es? Vean los tres elementos centrales: 1) La subversión y la conspiración, 2) La intención es causar daño y mal, pero hasta ahí y 3) Se emboscan en alias, igual que los guerrilleros. La clásica receta de la represión fascista: quieren causar daño al Estado y como no sabemos quienes son exactamente, sospechamos de todo el mundo. Y como todo el mundo es sospechoso, para salvar el Estado es válido reprimir a quien sea y como sea. Luces rojas de alarma deberían estarse prendiendo.

Invisibilizar la disconformidad de la población: Sobre todo esto se ha visto a raíz de las manifestaciones que anunciaron varias organizaciones de Guanacaste. Durante los actos oficiales del 25 de julio, pretendían hacer ver y oír su descontento y malestar por lo que estas organizaciones consideran un abandono y una falta de acción del gobierno, y los que le antecedieron, para dar alguna respuesta a los problemas sociales, económicos y ambientales de la provincia.

Siguiendo la línea de la conspiración, esta vez Roverssi se anima a señalar a un supuesto culpable. Señala directamente al Frente Amplio, el único partido de izquierda con representación parlamentaria, como el incitador de estas protestas. Y ahora sí, aclara cuales son esas intenciones sombrías de las que hablaba. En una nota publicada en un medio digital [2] dice:
"Esto es como la primera plaza pública de un partido
político lo que quieren hacer en Nicoya, pero no parece justo con los nicoyanos...Queremos denunciar y pedirle a los guanacastescos que actúen conforme al derecho que les asiste de proteger este evento cívico tan importante"
De paso deja filtrar otro ¿gazapo? de prosapia sospechosamente fascista. El fascismo, de manera rápida y sin entrar en detalles, asume que el Estado lo es todo, por consiguiente, los intereses del Estado lo son de la sociedad en su conjunto. Esta asimilación por supuesto necesita de encarnarse, obviamente, en quienes detenten el gobierno. Dado que atacar al Estado, entonces, es atacar a la sociedad en su conjunto, parece que hay una especie de llamado a “los guanacastecos” (sic.) para que protejan el evento cívico.

El evento cívico es, ni más ni menos, que el ritual Consejo de Gobierno que se lleva a cabo en Nicoya para conmemorar la Anexión del Partido de Nicoya en 1824. Así, lo importante es la presencia de quienes encarnan al Estado, y defenderlo es actuar “...conforme al derecho que les asiste de proteger...” La pregunta, siniestra por sus posibilidades de respuesta es, ¿cómo protegerlo y contra quién? Dado que el culpable está señalado, ¿sería que pensaba en una contra manifestación? Esa posibilidad sería viable en una democracia o, ¿pensaría en agredirles y aplicar el diálogo del revólver y el cuchillo?

Legitimar a como haya lugar: Parece que parte de su función es la de legitimar a Chinchilla usando el argumento que sea necesario. Dado que parece haber una total incapacidad de utilizar la racionalidad y la objetividad en la exposición de los hechos o en la refutación de las críticas, se comienza a apelar a elementos de orden tradicional y carismático. De lo segundo cuesta un poco más que de lo primero.

La canonización de Juan Pablo II le brindó una oportunidad para ello. En cables noticiosos se dio a conocer que, aparentemente, un milagro que ocurrió en una costarricense fue el elemento final para que el vaticano quedara satisfecho y diera su visto bueno para declarar al fallecido papa polaco como santo. Como no podía ser menos, el catolicismo nacional se da a la tarea de manifestar su alegría, aunque a más o menos el 40% de la población nos traiga sin cuidado.

Roverssi hace una asociación realmente pasmosa, tanto por burda como por oportunista. Se dejó decir que:
"Este hecho (el milagro a Floribeth Mora) borra cualquier cosa, cualquier percepción que haya negativa del país porque es un tema de espiritualidad. De hecho que supera lo común y lo inmediato para convertirse y darle al país una figura de un país llena de valores, donde los ciudadanos del mundo van a estar observando a Costa Rica ahora para ver si efectivamente es una sociedad de valores..." [3]
Simplemente es infumable. No importa que la pobreza no
disminuya, que la brecha social se agrande, que los salarios no alcancen para vivir con dignidad, que los derechos laborales se pisoteen. Nada de eso importa. Dios con nosotros (Gott min uns, tal y como rezaba la hebilla de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial).

Esa relación de que los gobernantes son los ungidos por la divinidad no sólo es propia de los autoritarismos de derecha, es una (i)lógica claramente reaccionaria. No se cuestione nada, que cuestionar al soberano (o a la presidenta en este caso) es cuestionar a Dios. Por otro lado, se deja planteada una cuestión harto peligrosa: los valores son aquellos que responden al catolicismo. El gobierno es “bendecido” por el milagro y practica la moral única y válida. Si te opones al gobierno, te opones a su moral y por consiguiente, atentas contra la visión positiva del mismo. ¡No en balde nos gobierna (¿?) la Hija Predilecta de María!

Estas son sólo tres casos en los que se denota, al menos en mi opinión, como Roverssi opera. Es por ello que creo que más que ministro de comunicación, se ha convertido en el ministro de la confrontación.

REFERENCIAS




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