domingo, 1 de abril de 2018

LAS RAZONES DE MI VOTO CONTRA FABRICIO ALVARADO

Muchas veces un enemigo superior implica apoyar opciones
no necesariamente de nuestro agrado ni convicción.
Votaré conta Fabricio Alvarado. Es una decisión tomada desde el mismo 4 de febrero en la noche cuando los resultados de la primera vuelta y se nos ponía, como sociedad, ante una escogencia inédita en la historia costarricense reciente. 

Los acontecimientos sucedidos en estos dos meses de campaña previos al balotaje, que se efectúa este 1° de abril, si bien no me dejan absolutamente satisfecho por las adhesiones y las concesiones hechas por el Partido Acción Ciudadana, tampoco me hacen virar hacia una posición que considero absolutamente irresponsable e infantil.

No votar o votar nulo o blanco no es una opción realista. Es un berreo simple y llano. Y no puedo dejar de recordar que en Alemania en el año 1933 un oscuro personaje llamado Adolfo Hitler, acuerpado por un partido fanatizado y con un programa que planteaba, como pilar central, la relativización de la misma condición humana de las personas. Las consecuencias las conocemos y aún son una herida sangrante: judíos, comunistas, socialdemócratas, homosexuales, Testigos de Jehová, gitanos, eslavos, fueron marginados, perseguidos y asesinados por ser considerados no sujetos de los derechos ciudadanos o, en casos extremos, por se considerados sub humanos.

Evidentemente no estamos en una situación tan extrema. Pero ello no nos blinda de sufrir embates de un autoritarismo fascistoide como lo atestiguan miles y miles de personas asesinadas y desaparecidas en nuestra América Latina por gobiernos encabezados por militares, sobre todo en los años 70 y 80. Y recientemente gobiernos signados como “democráticos” no han estado excentos de esos crímenes de lesa humanidad, tal y como lo demuestra México, Honduras y Guatemala en el entorno cercano.

No puedo votar por un partido y un candidato que le da una centralidad indebida y peligrosa a la religión como eje articulador del manejo del Estado. Ello porque la historia nos demuestra que estas mezclas, durante el siglo XX y XXI, nunca han demostrado ser ni positivas ni neutras. Les pongo algunos ejemplos: Arabia Saudita, Irán, Israel y Filipinas actualmente. Y el ejemplo más sensible para mí: España durante el franquismo que aliado con el catolicismo se llegó a justificar y bendecir los fusilamientos y la tortura. Un Francisco Franco saliendo bajo palio no es algo que quisiera para mi país.

No puedo votar por un candidato y un partido que exigen tolerancia y respeto por sus ideas religiosas, pero han naturalizado el no respetar ni tolerar a quienes no poseemos ideas religiosas de ningún tipo y son incapaces de mantener una discusión de 5 minutos sin terminar apleando, como una suerte de Deus Ex Machina, a la muletilla clásica de “En la biblia dice que...”.

No puedo votar por un candidato y un partido en que un Diputado de la Nación que les apoya llama a un Ministro de Estado para gestionar, de manera indebida, la liberación de un pastor -colega del Diputado-, juzgado y condenado por un Tribunal de la República a 16 años de prisión por haber violado a una mujer, menor de edad y con discapacidad mental, calificando este aborrecible acto de violencia como algo “no tan grave”.

No puedo votar por un candidato y un partido que considera que un acto de absoluta libertad individual como lo es el escoger la forma en que desea vivir su sexualidad, deba ser vista como un acto patológico, susceptible a una “restauración”. ¿No es esta la misma base sobre la que se sustentaron genocidios como los de Pol Pot en Camboya en los años 70 y magistralmente retratados en la película “The Killing Fields”? La dignidad humana es universal e inobjetable.

No puedo votar por un partido y un candidato que desprecian de maneracavernaria y preocupante los avances de la Ciencia. No se trata acá de cambiar la fe religiosa por la fe en la Ciencia. Craso error, porque la fe no acepta ni cuestionamientos ni relativizaciones. La fe implica creer de manera ciega, de manera absoluta en una serie de dogmas. Pero yo si tengo una absoluta confianza en que el avance de la Ciencia, imparable y necesario, debe ser el centro de la actividad humana. Soy Porfesor graduado en Ciencias “Naturales” y no me veo en una clase de Biología, por ejemplo, teniendo que presentar un relato religioso, como el del Génesis, al mismo nivel y con el mismo valor que las teorías de Oparin. O aceptar que tan cierta es la Evolución darwiniana y neodarwiniana como el “diseño inteligente”.

No puedo votar por un candidato y un partido que relativiza el concepto de soberanía nacional y considera que es una afrenta a la misma el que un organismo de justicia internacional emita una resolución que va en contra de sus dogmas religiosos. ¿Con qué legitimidad pretenden entonces recurrir en un futuro a otras instancias, como por ejemplo la Corte Internacional de Justicia de La Haya, si de antemano han dado señales de que se guían por aquello de que “Jalisco nunca pierde y cuano do pierde arrebata”.

Estas son algunas de las razones. Sé que muchas personas podrán estar dudando sobre si ir o no a votar. Vayan. Si Stalin, Churchill y Roosevelt no hubieran parqueado sus contradicciones irreconciliables por un momento, la lucha contra el nazismo, el fascismo y el imperialismo japonés probablemente no habría prevalecido.

Es por ello que NO voy a votar por Carlos Alvarado y el PAC. Lo haré CONTRA Fabricio Alvarado y el PRN. Y a quienes están dudando, ojalá estas líneas les permitan repensar su posición y actuar en consecuencia. Acá la disyuntiva es entre la esencia de los valores de la Modernidad y la barbarie reaccionaria del fundamentalismo religioso como esencia del manejo del Estado.

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